domingo, 1 de septiembre de 2019

DE BARCELONA A ROMA PASANDO POR PARÍS

 

· Corrían los primeros días del presente año, cuando los medios de comunicación se hicieron eco de un nuevo proyecto piloto de la Unión Europea (U.E.). Con él se va a intentar internacionalizar la enseñanza universitaria europea, mediante la creación de “campus europeos inter-universitarios” o una “Red de Universidades Europeas”. Con este plan piloto, que presentaremos y analizaremos someramente ci-dessous, se pretende llevar a cabo un proyecto más ambicioso que el tradicional Erasmus y que el Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES).

· El programa Erasmus fue creado hace ya  más de 30 años (en 1987). Y está dirigido fundamentalmente a la enseñanza universitaria. Con él se ha pretendido estimular la movilidad de los jóvenes universitarios en el marco de la UE. Por otro lado, se ha intentado fortalecer la cooperación transnacional entre universidades mediante el reconocimiento académico de los estudios y calificaciones. Y, finalmente, se ha perseguido fortalecer la dimensión europea en la formación de los universitarios. Ahora bien, el programa Erasmus sólo ha afectado a un pequeño porcentaje de los universitarios europeos. Y, además, las ayudas-becas han sido y son claramente insuficientes para sufragar los gastos vitales de los “erasmistas”. Por eso, los resultados no han sido los que se esperaban.

· Por ese motivo, para seguir avanzando por este camino, se puso en marcha, con la Declaración de Bolonia (1999), el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). En este espacio y con este espacio, se ha pretendido y se pretende provocar una convergencia de la enseñanza superior europea, para propiciar e impulsar la movilidad de estudiantes, de titulados y de profesores entre todos los países de la UE. Además, este espacio debe permitir poner en marcha la “Europa del conocimiento”, base del crecimiento y del bienestar, tanto presentes como futuros, de los europeos. Podríamos decir que se trata de avanzar en la “globalización universitaria europea”, con todo lo que tiene de positivo y de negativo el concepto de globalización.

· Con el nuevo plan piloto de los “campus europeos inter-universitarios” o “Red de Universidades Europeas”, se pretende dar un nuevo espaldarazo a la convergencia universitaria europea y, sobre todo, a la consolidación de la frágil construcción de la Unión Europea. En efecto, ante el Brexit y el auge de los populismos antieuropeos, que han sembrado dudas sobre el futuro de la Unión, la Europa del futuro no debe ser sólo financiera y económica sino, también y sobre todo, social y cultural. Y esta Europa cultural debe estar liderada por las universidades. De ahí el papel que deben jugar éstas.

· Este plan piloto tiene su epicentro en un discurso de E. Macron en la Sorbona, en septiembre de 2017. En este discurso, Macron formuló dos ideas básicas: necesidad de potenciar los intercambios y la movilidad de los estudiantes universitarios para que, en 2024, el 50% haya pasado, al menos, seis meses en otro país europeo; y, por otro lado, ante la casi segura materialización del Brexit, impulsar el multilingüismo, que debe reemplazar el monolingüismo del inglés, lengua franca “de facto” en la Unión Europea. Algunos meses después, en noviembre de 2017, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, llevó el asunto a la cumbre europea de Gotemburgo (Suecia), donde se dio el visto bueno al plan. A partir de esta fecha se ha ido perfilando el plan piloto que será implantado a partir del próximo curso 2019-2020.

· Según este plan piloto, para el próximo curso, se han creado 17 campus inter-universitarios europeos, de los que forman parte 11 universidades españolas (3 de Madrid, 4 de Cataluña, 2 de Andalucía y 2 de Valencia). Con este plan se va a intentar crear la Europa del futuro que, además de económica y financiera, debe ser social y cultural.  Para ello, se van a perseguir varios objetivos. Por un lado, se va a multiplicar por 10 y a diversificar la movilidad de los estudiantes universitarios; esto posibilitará, por ejemplo, que un estudiante español pueda iniciar sus estudios en Barcelona, continuarlos en París y terminarlos en Roma; esto implicará reconocer académicamente los estudios realizados en otras universidades y acabar con los problemas burocráticos de las convalidaciones. Por otro lado, se va a potenciar lógicamente el multilingüismo propiciando el  dominio de, al menos, dos lenguas europeas, diferentes de la propia. Además, se va a intentar crear conciencia de formar parte de la Unión Europea a través de la cultura y de la educación, para impulsar las sinergias y la cooperación entre los países europeos. Ahora bien, para alcanzar estos objetivos, habrá que implicar a todos los actores de la comunidad universitaria (alumnos, profesores-investigadores y personal de administración y servicios –PAS–).

· Ante la puesta en tela de juicio de la Unión Europea y ante la decepción-frustración de cada vez más ciudadanos europeos, este nuevo plan piloto parece una idea excelente, desde la óptica de aquellos que han optado y aceptado la filosofía de la “globalización”  o de aquellos que consideran que para salvar el proyecto europeo es necesario crear una Europa social y cultural, pensada por y para los ciudadanos. Ahora bien, este plan piloto de “campus europeos inter-universitarios” no es nada original y, además, tiene sus talones de Aquiles, que lo puede convertir en un sueño o una quimera.

· Por un lado, iniciar los estudios universitarios, por ejemplo, en Barcelona, continuarlos en París y terminarlos en Roma no es ninguna novedad ni nada original. En el pasado reciente y también actualmente, la internacionalización de la formación universitaria ha sido una realidad para unas pequeñas minorías: para los jóvenes cuyos padres tienen un estatus económico, cultural y social elevado y, por lo tanto, pueden pagarla; y también para muchos jóvenes españoles que, sin ayuda de nadie, continuamos nuestros estudios fuera de nuestras fronteras (París, Londres, Berlín, etc.), aplicando esa particular regla actualizada de San Benito de Nursia del “estudia y trabaja” (“ora et labora”, para los benedictinos).

· Además, el proyecto piloto de la U.E., referido a España, tiene varios puntos débiles, que pueden hacerlo naufragar y conducirlo al fracaso. Se podría decir que se ha puesto el carro delante de los bueyes o que se ha empezado la casa por el tejado. En efecto, en general, los jóvenes universitarios españoles han suspendido y suspenden en competencias lingüísticas en lenguas extranjeras. Y éstas son el instrumento y la condición sine qua non para que el plan sea eficaz y para sacar provecho de unas enseñanzas en una universidad extranjera. Además, los jóvenes universitarios españoles, en general, no han progresado adecuadamente en la adquisición de competencias enciclopédicas (Umberto Eco) en las distintas ramas del saber. Y, por eso, no pueden ser considerados la generación mejor y más formada de la historia de España. Por otro lado, los universitarios españoles, en general, llegan a la enseñanza superior sin haber adquirido las competencias instrumentales básicas para hacer  estudios superiores, ya que presentan grandes déficits en lectura, en escritura, en la toma de notas, en espíritu crítico, etc. Y, finalmente, hay que poner en entredicho tanto sus competencias aptitudinales  como actitudinales.

· Por todos estos motivos, es razonable y lógico preguntarse si esta internacionalización de la enseñanza universitaria europea continuará siendo, a corto plazo, un privilegio para unos pocos —los jóvenes cuyos padres tienen un estatus económico, social y cultural elevado— o una posibilidad irreal e hipotética para la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios. Ante los déficits apuntados, todo parece indicar que el proyecto piloto de una enseñanza universitaria europea compartida está abocado al fracaso. Habrá que esperar más de una década para que un pacto nacional español por la educación se firme y empiece a dar sus frutos. Mientras tanto, como ha escrito irónicamente alguien, la mayoría de los universitarios españoles podrán empezar la carrera en Estrella Galicia (España), la seguirán en Kronenbourg (Francia) y la acabarán en Moretti (Italia). El tiempo, sin que nadie se lo pregunte, dará o quitará razones. Y si no, al tiempo.

 © Manuel I. Cabezas González
Publicado también en Diario 16, Courrier International (Bélgica), Catalunya Press, El Confidencial Digital, El Obrero, Liverdades.com, InfoHispania, Las Voces del Pueblo, La Mar de Onuba, Fuerteventura Digital, Crónica Popular, , Noticanarias, Red de Blogs Comprometidos, Revista Rambla y Bembibre Digital.
31 de agosto de 2019

domingo, 28 de julio de 2019

EL LIBRO, ESE AMIGO FIEL


· Hace unos meses, estaba tomando mi café matutino, instalado en una de las mesas de la cafetería de la Facultad de Letras de la UAB y enfrascado en la lectura del libro de Juan Eslava Galán “De la alpargata al seiscientos”. Una camarera, como de costumbre, recogía las mesas. Al llegar a mi altura, me dijo: “Hoy estás solo”. A lo que yo le respondí: “Nunca se está solo, si tienes un libro abierto y en las manos”. Traigo a colación esta anécdota personal para contextualizar el objeto de mi reflexión de hoy: el “libro”, ese gran amigo, siempre disponible, paciente y fiel,  Cicerón dixit; y la “lectura”, esa actividad tan gratificante y tan fundamental pero, al mismo tiempo, tan desprestigiada y olvidada, por desgracia, hoy en día.

· En la sociedad actual (y cada vez más, en la futura), los ciudadanos debemos hacer frente a dos enemigos letales para la salud, tanto psíquica como somática: por un lado, el “individualismo” galopante; y, por el otro, la “soledad”, hija del individualismo y de un déficit comunicativo cada vez mayor. Para escapar y protegerse de esta espada de Damocles que es la soledad, los seres humanos nos estamos auto-engañando masivamente con ciertos “gadgets”, que crean la ilusión de establecer lazos y de crear redes de amigos. Cuando hablo de “gadgets” me refiero al uso inapropiado de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC), y, en particular, de las redes sociales y de ese artilugio, pegado a cada ser humano, que es el móvil. En realidad, estos medios nos aíslan al crear un espejismo de comunicación. Y, de esta forma, se incrementa, aún más, el individualismo, la soledad y el “spleen” de vivir.

· Los usuarios de los móviles y de las redes sociales estamos confundiendo, como subrayó muy acertadamente el Papa Francisco en una entrevista reciente, el hecho de “estar conectados”, que es una cuestión técnica y mecánica, con el hecho de “estar comunicados”, que es algo muy diferente y que implica compartir, intercambiar, poner en común para transformar y hacer crecer al otro. Y, en base a esta confusión, pensamos y creemos que no estamos solos y que tenemos cientos o miles o millones de amigos gracias a Facebook, a Twitter, a Instagram, etc. ¡Craso error!

· En estos contextos y en estos medios, emplear el término “amigos” es utilizar la palabra en vano y prostituir el lenguaje. Estos amigos virtuales no son amigos y se puede afirmar que no llegan ni siquiera a la categoría de “conocidos”. Son simplemente un espejismo de la verdadera amistad y un auto-engaño. En efecto, como dice el refrán castellano, los auténticos amigos  se cuentan con los dedos de una mano y nos sobran dedos. Por eso, ¡menos lobos, Caperucita, con los cientos o miles o millones de amigos, conseguidos gracias a las redes sociales!

· Para destetarnos de estas ilusiones y quimeras comunicativas —creadas por los móviles y las redes sociales— y hacer frente al individualismo, a la soledad y al sucedáneo de la comunicación imperante —verdaderas epidemias en las sociedades modernas— disponemos de dos antídotos o vacunas muy eficaces, que perjudican seriamente nuestra soledad y también nuestra incultura: el “libro” y la “lectura”. Estos dos términos designan dos realidades interdependientes, que se implican necesariamente. Es una verdad de Pero Grullo afirmar que, sin libro, la lectura sería imposible; y que la lectura es la que justifica la existencia del libro al que, por cierto, da vida.

· Además, entre el escritor y el lector se produce también una fuerte interdependencia, que Michel de Montaigne expresó magistralmente cuando escribió que la palabra o el texto son mitad del que habla o escribe y mitad del que escucha o lee (Les Essais, Livre III, Cap. XIII: “De l’expérience”). Este punto de vista fue argumentado y corroborado por el semiólogo francés Roland Barthes, que puso el acento también en esta simbiosis entre el escritor y el lector, al afirmar que el lector es el que pone siempre el punto final a un libro y el que lo preña de sentido. Sin él, el libro sería letra muerta, sin vida.

· Los libros no son un producto de usar y tirar (A. Gallimard). Son, más bien, esos amigos que, según Cicerón, “están siempre a nuestra disposición y nunca están ocupados”. Por eso, dejó escrito que “si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo necesario” para ser feliz. Además, el libro permite “trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía” (J.F. Kennedy). Comparados con los auténticos amigos de carne y hueso, que se pueden contar con los dedos de una mano, el número de amigos-libros es prácticamente infinito, si los comparamos con la brevedad de la vida humana para entrar en comunicación con todos ellos y cultivar la amistad. Estos instrumentos de comunicación en diferido, que son los libros, pueden ser comparados con las flores que, en primavera, están henchidas de polen y de néctar, que las abejas recolectan y liban.

· La lectura, por su lado, es el proceso desencadenado por el lector-abeja, que transporta el polen y el néctar de una inteligencia (la del escritor) a otra (la del lector). Algunos han considerado muy acertadamente la lectura como el viaje, gracias a la lengua, de aquellos que no pueden coger el tren, el avión, el barco o el coche. Así, sin otros artilugios, sin desplazarse en el espacio y a pesar de leer sólo letras, el lector puede ver imágenes, contemplar paisajes, oír otras voces,… y vivir miles de vidas distintas. Por eso, Flaubert afirmaba que “leer es vivir”; y Napoleón consideraba que la “lectura era para el espíritu lo que la gimnasia es para el cuerpo”. Además, en base al papel jugado por la verbalización lingüística en el psicoanálisis, se habla cada vez más del valor terapéutico y taumatúrgico de la lectura. En efecto, en el marco de la “biblioterapia”, se prescribe la lectura de libros para ayudar a superar conflictos. Ahora bien, no se trata de la prescripción de “libros de autoayuda”, sino de algo muy distinto. Maruja Torres, lo tenía muy claro cuando escribió que «algunos leen libros de autoayuda; otros simplemente leemos para auto-ayudarnos».  

· A pesar del provecho y de los beneficios potenciales, tanto desde el punto de vista personal como social, que se pueden sacar del libro y de la lectura, los españoles leemos poco y mal. Según el “Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, 2017”, más del 40% de los españoles no ha leído un libro en su vida ni piensa hacerlo. Este porcentaje es superior a la media  de los países europeos de nuestro entorno (30%). Además, a pesar de que leemos un poco más que en años anteriores, leemos peor. En efecto, la lectura tranquila, atenta y reflexiva, que necesita la lectura de un libro, no ha mejorado. Por otro lado, a partir de los 25 años, se produce un descenso significativo de los índices de lectura. Y, en las bibliotecas, los préstamos de libros han disminuido en los últimos años. Además, a pesar de que haya aumentado ligeramente el número de compradores de libros, el número de libros mercados anualmente ha disminuido. Finalmente, tanto en la escuela como en casa, las horas dedicadas a la lectura en España están por debajo de las de los países de nuestro entorno.

· Ante esta triste realidad,  para el período 2017-2020, se ha implementado un “Plan de Fomento de la Lectura”. Con él se pretende que los españoles leamos más y mejor. Ahora bien, los resultados esperados son inciertos y pueden hacerse esperar por la competición que la lectura debe librar con otras formas más motivadoras de divertirse y matar el tiempo: la TV, las redes sociales, el móvil, etc. Y, por otro lado, la lectura, como la amistad o la felicidad, no es algo que se pueda imponer: “Con nuestros amigos los libros, si pasamos una velada en su compañía, es solo  porque realmente nos apetece”,  Marcel Proust dixit. Pastichando el adagio popular “la letra con sangre entra”, Pedro Salinas afirma, por su lado, que “la letra con letra entra”. De ahí el papel de la escuela para inocular en los niños y jóvenes el virus adictivo de la lectura de libros.

· Por eso, no dejemos para mañana lo que podamos leer hoy. La lectura perjudicará seriamente nuestra ignorancia y nuestra soledad. La lectura nos hará más libres y menos manipulables. Nuestra reputación social y nuestra autoestima dependerán de ella, como rezan estos aforismos posmodernos: “Dime qué lees y te diré quién eres” o “Dime quién eres y te diré qué lees”. Para cambiar radicalmente nuestro destino, como escribió D’Alembert, “no hacen falta otras armas que el libro y la palabra”. Por lo tanto, ¡Apaguemos la televisión y los móviles y abramos un libro, ese auténtico y gran amigo, siempre disponible, siempre paciente y siempre fiel!

© Manuel I. Cabezas González
Publicado también en La Tribuna del País Vasco, InfoHispania, Crónica Popular, Las Voces del Pueblo, Bembibre Digital, El Diestro, Periodista Digital, e-noticies, El Confidencial Digital, Catalunya Press, Diario 16, Fuerteventura Digital, Lamardeonuba, Noticanarias, Revista Rambla, Alerta Digital, Alerta Nacional, Noticiario Universal, Red de Blogs Comprometidos, Bierzo Digital, Laciana Digital, Astorga Digital, El Espía Digital, Cerdanyola Info y Liverdades.
28 de julio de 2019

domingo, 30 de junio de 2019

LOS MUROS DEL PAPA FRANCISCO Y DE LA UNIÓN EUROPEA

 
                                                                                         Muralla que aprisiona la Ciudad del Vaticano

· Corrían los últimos días de 2018 cuando visité, por primera vez, Roma. Durante más de una semana, recorrí las siete colinas de la Ciudad Eterna. Así, pude admirar ese museo-ciudad al aire libre, que nos hace sentir que somos unos liliputienses si nos comparamos con los hacedores de lo que se puede ver y contemplar, simplemente callejeando. Y, como no podía ser de otra forma, también recorrí la Colina Vaticana, sita en el Trastévere. Y, aquí, la Ciudad-Estado del Vaticano fue una visita obligada.

· Al Vaticano le dediqué dos días. El 25 de diciembre, en la Plaza de San Pedro, asistí a la tradicional y ritual bendición “urbi et orbi” del Papa Francisco. Otro día, lo invertí en visitar los museos vaticanos y la Basílica de San Pedro. Impresiona la concentración de obras de arte y también la majestuosidad de la Plaza y de la Basílica de San Pedro así como de las dependencias vaticanas. Pero hubo también otras dos cosas que llamaron poderosamente mi atención y que me impactaron muy negativamente. Por eso, voy a centrarme en éstas.

· Por un lado, como Jesús cuando entró en el Templo de Jerusalén, me horrorizó la ocupación y la colonización de la ciudad “santa” (?) por los parientes modernos de los que Jesús expulsó del templo de David: los mercaderes, adoradores del “becerro de oro” (Éxodo, 32). Ante esto, a uno le dieron ganas, como a Jesús,  de coger el látigo para limpiarla de mercaderes y de repetirles aquello de “Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones” (Mateo 21,13).

· Y, por otro lado, me impactó también la robusta e imponente muralla que rodea completamente la Ciudad-Estado del Vaticano y que no se la salta un gitano. Su trazado coincide con la primitiva, construida en el siglo IX, en parte, por el Papa León IV. Tenía y tiene sólo 5 puertas de acceso al territorio vaticano, puertas férreamente custodiadas por los “carabinieri” y/o los guardias suizos y/o la seguridad privada.

· Históricamente, las murallas prístinas fueron construidas para proteger y defender los primeros núcleos urbanos de los enemigos y de las epidemias. Por eso, en Las Partidas, Alfonso X El Sabio, definió la “ciudad” como todo lugar cerrado con muros. Ahora bien, con el paso del tiempo, las murallas también adquirieron otras funciones: demostración de fuerza e independencia política; control del tráfico mercantil y de la fiscalidad sobre las mercancías: para este control, todo debía pasar por una sola puerta de la muralla; papel ornamental: las murallas hacen que las ciudades sean más nobles y bellas, etc. Sin embargo, con la llegada de la pólvora desde China, gracias a Marco Polo, las murallas perdieron su funcionalidad original. Hoy, las parientes modernas de las murallas —las “vallas”, por ejemplo, en Ceuta y Melilla; y los “muros”, por ejemplo, el demolido “muro de Berlín” o el inacabado muro entre México y EE.UU.— han encontrado una nueva funcionalidad: impedir o dificultar las migraciones de seres humanos entre países o territorios.

· Pongo el acento sobre la muralla que rodea la Ciudad-Estado del Vaticano porque me impresionó. Pero, sobre todo, por las declaraciones del Papa Francisco a Jordi Évole, el pasado 22 de marzo, para el programa “Salvados” (La Sexta). En una larga entrevista (casi una hora), el Papa Francisco habló de lo divino y de lo humano, pero hizo hincapié, sobre todo, en el drama humano de los refugiados y de los migrantes. Unos y otros —aguijoneados por el hambre, las persecuciones, las guerras, la injusticia, la pobreza, la desesperación, etc. y también por una  gran ilusión y una esperanza o fe ciega en una vida mejor— se ponen en movimiento, sin medir las consecuencias de una migración instintiva, vital, desordenada e ilegal. Y, por eso, puede decirse que, en general, salen de Málaga para entrar en Malagón, donde a muchos les espera la muerte, el sufrimiento, la explotación laboral y sexual, etc.

· En la parte central de la precitada entrevista al Papa Francisco, J. Évole le mostró un trozo de concertina de las vallas de Ceuta y Melilla, que separan estas dos ciudades de Marruecos, e hizo referencia explícita al muro que Trump quiere seguir construyendo y rematar entre México y EE.UU. Y también trajo a colación esos “muros naturales” de los desiertos, de los ríos, de los mares, de las montañas y de los países-muralla. Este es el caso de Turquía y Marruecos, encargados de impedir, como auténticos mercenarios y a cambio de jugosas contraprestaciones crematísticas, que los emigrantes lleguen a Europa.

· Ante estos hechos, el Papa Francisco siente un gran dolor y echa la culpa al capitalismo y a esa madre envejecida y descastada que es Europa. Además, formula una “ley universal”, según él, válida en el orden social y personal: “El que levanta un muro termina siendo prisionero del muro que levantó”. Para evitar esta auto-prisión, propone la alternativa de “construir puentes”, que permitan que los hombres puedan circular libremente y comunicarse. La U.E., por su lado, está obsesionada también por los flujos migratorios y responsabiliza de ello a las mafias y a los países exportadores de inmigrantes.

· La propuesta del Papa Francisco coincide con uno de los principios fundacionales y fundamentales de la Unión Europea, vehiculado por los mensajes icónicos de los billetes de curso legal de la zona euro: en todos los billetes, aparecen puentes, ventanas y puertas, que simbolizan la apertura así como la circulación y el tránsito tanto de personas como de mercancías. Estos mensajes del Papa y el de los billetes denotan sentimientos solidarios y generosos: no hay que construir muros ni vallas; hay que destruirlos, como sucedió con el de Berlín. Y en su lugar, hay que propiciar la construcción de puentes y la apertura de ventanas y puertas, que favorezcan las migraciones y la comunicación. Se trata de un lenguaje políticamente correcto, en estado puro. Ahora bien, una cosa es predicar y otra dar trigo.

· Por sus actos, que contradicen lo que verbalizan, tanto el Papa Francisco como la Unión Europea son incoherentes, ya que están instalados en la zona de confort tras sus fornidas y protectoras murallas. El Papa sigue viviendo dentro de la pétrea muralla del Vaticano, cerrada a cal y canto para cualquier necesitado que llame a alguna de sus puertas. Y la Unión Europea sigue comprando los servicios de dos países mercenarios (Turquía y Marruecos) para que sean murallas infranqueables, que impidan que los flujos migratorios lleguen a la tierra prometida de la U.E. Por eso, se debe levantar acta de una total contradicción entre sus “verba” y sus “facta”, entre su “buenismo verbal” y la realidad factual.

· Ante la reiteración del mensaje papal por parte de sus subordinados (“Dios no creó muros”,  “Dios no pide papeles”, para residir y trabajar en un país, Obispo de Solsona dixit), algunos críticos les han recordado el consejo de Jesús de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo, 22,21). En efecto, Dios no creó muros ni pide papeles, pero el César, sí. Y hay que dar al Cesar lo que le corresponde.

· Y ante las actitudes buenistas de ciertas ONGs o ciertos partidos políticos de eliminar vallas y murallas, y de construir puentes, los partidos tildados de populistas les responden: “De acuerdo, construyamos puentes, pero puentes levadizos”. Éstos permitirán llevar a cabo una gestión planificada, reglada y legal de los flujos migratorios. En efecto, como dice Nicolás Guillén en el poema “La muralla”, popularizado por Ana Belén y Víctor Manuel, no se puede abrir la muralla a cualquiera: “sí”, “a la rosa y al clavel”, “a la paloma y al laurel”, “al corazón del amigo”, …; “no”, “al sable del coronel”, “al alacrán y al ciempiés”, “al veneno y al puñal”, … Además, los puentes levadizos serán un antídoto contra la xenofobia, el “precariado”, la explotación y la esclavitud de los recién llegados, etc.

· Por eso, al Papa Francisco y a los políticos buenistas habría que invitarlos a no echar balones fuera y a rumiar la canción de Ana Belén y estas sabias palabras de Jesús y actuar en consecuencia: “¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Deja que te saque la paja de tu ojo, si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7, 3-5).

© Manuel I. Cabezas González
Publicado también en La Tribuna del País Vasco, Diario 16, Bembibre Digital, InfoHispania, Periodista Digital, Catalunya Press, Fuerteventura Digital, El Obrero, El Diestro, Las Voces del Pueblo, Noticanarias, Alerta Digital, Alerta Nacional, Noticiario Universal, Libertad USA, Diari de Terrassa, www.youtube.com, Adriboschmagazine, El Buscador, Red de Blogs Comprometidos, Diario de León y Liverdades.
28 de junio de 2019