domingo, 24 de noviembre de 2019

LOS DEL BURKA


 
Mujeres con burka (izquierda) y con niqab (a la derecha)

· En cada vez más países occidentales se ha limitado o prohibido, en los espacios públicos, el uso de ciertas prendas de vestir, habituales en los países islámicos. Estas prendas velan, total o casi totalmente, el cuerpo de las mujeres: es el caso del burka (cubre completamente el cuerpo), del niqab (cubre todo el cuerpo, excepto los ojos) y también del chador (sólo deja al descubierto el rostro). Hago referencia a esta indumentaria tradicional musulmana para establecer una analogía con esos internautas que intervienen en las redes sociales, portando no el niqab o el chador sino directamente el burka del anonimato.

· En las redes sociales podemos diferenciar dos arquetipos de internautas, con comportamientos totalmente diferentes e incluso opuestos. Por un lado, están aquellos que hacen un estriptis constante, esclavos de un narcisismo exacerbado y patológico: cuelgan continuamente fotos y cuentan, con pelos y señales, lo que han hecho, lo que dicen que están haciendo o lo que piensan hacer. Y, por otro lado, están los portadores del burka, que interactúan parapetados tras el burladero del anonimato, del seudónimo o del falso nombre. Hoy dejamos para otra ocasión a los desenfrenados y enfermizos narcisistas digitales y nos ocuparemos sólo de los portadores del burka.

· En mis paseos por las Redes Sociales, a estos portadores del burka no les suelo prestar atención y los llamo “anónimos” (sin nombre), “descarados” (sin cara) y “desalmados” (sin alma, que se refleja en el rostro y en el nombre). Algunos analistas, por el contenido y la forma de sus intervenciones en las redes, los tildan también de “talibanes”, de “hooligans”, de “francotiradores” o de “troles”, denominaciones todas ellas con connotaciones peyorativas. Estos internautas suelen tener una muy mala reputación digital. Otros estudiosos los consideran equivocadamente “abogados del diablo”, “moscas cojoneras” o “tábanos sociales”, denominaciones parasinonímicas con connotaciones, más bien, laudatorias. Ahora bien, los llamados “tábanos sociales”, portadores del burka, no le llegan ni a la suela de la sandalia del “Tábano de Atenas”, el honesto radical e insobornable Sócrates.

· Los del burka son los internautas que tiran la piedra lingüística y esconden el nombre real. Esto denota no sólo un acto de cobardía por parte de los escribidores que, como aquel torero miedoso que se cortó la coleta, no tienen bragueta (o dídimos u ovarios) para apechugar con las consecuencias de sus actos lingüísticos. Es también un signo de desconfianza o de falta de seguridad en lo que han escrito o en cómo lo han escrito. Y esto revela, a su vez, que no han cuidado ni lo que dicen ni cómo lo dicen. Esta aseveración coincide con las  declaraciones de Victor García de la Concha, Ex Director de la RAE, cuando afirma que el hablar zarrapastroso de los del burka “rebaja el nivel, cierra los cauces para un discurso abierto al matiz, a la reflexión, a la crítica, a la racionalidad”. Por eso, los del burka no dan la filiación a sus textos y los abandona “gallinaceamente”, como se hizo con Moisés en el Nilo.

· En efecto, los del burka se dedican a colgar en las Redes mensajes provocadores, irrelevantes e inapropiados. Mean sistemáticamente fuera del tiesto y se van siempre por los cerros de Úbeda. De esta forma, intentan molestar, provocar, linchar y “escrachear” a otros internautas; crear confusión y alterar el debate sobre un tema concreto; perturbar una comunicación natural y normal; generar violencia verbal y actitudes encontradas; ocupar las redes sociales, provocando así un colapso en el tráfico digital, para que no se hable de las cosas que interesan a los ciudadanos;… “Que sais-je encore”. Para eso, no dudan en utilizar groserías y expresiones ofensivas, en verbalizar mentiras o en producir mensajes incendiarios, sarcásticos y disruptivos. Esto no parece estar amparado por la libertad de expresión o, por lo menos, por la cortesía lingüística. Por eso, Manuel Vicent ha escrito muy certeramente que “la técnica ha hecho posible que estemos todos a merced de los rebuznos que nos deparan las ondas [y las redes sociales]”.

· Estos internautas portadores de burka actúan, unas veces, como lobos solitarios: viven las interacciones en las Redes como un juego o divertimento o instrumento para huir de la soledad o para satisfacer su narcisismo patológico exacerbado, buscando siempre el aplauso de la manada. Y, otras veces, intervienen en comandita o manada,  como auténticos “bots”. Son los tontos útiles, que no dudan en alistarse para formar batallones de mercenarios al servicio de una organización (partido, sindicato, empresa), de un movimiento o de una causa, para desinformar y manipular a los incautos internautas. Son agentes de la “agitprop” (agitación y propaganda) para influir sobre la opinión pública, en el marco de las campañas electorales o publicitarias por ejemplo, y para que los comanditarios y ellos mismos puedan obtener réditos políticos, sindicales, empresariales o crematísticos.

· Las Redes Sociales, como todo en la vida, no son ni buenas ni malas “per se”. Son buenas o malas según el uso que se hace de ellas. Son una herramienta neutra, pero podemos convertirlas, por el uso que hacemos, en un instrumento negativo (de destrucción) o positivo (de construcción). Ahora bien, creo que el anonimato puede arrumbar, si no lo ha hecho ya, la potencialidad y la funcionalidad de las Redes Sociales, si no se pone coto a esas termitas humanas, los portadores del burka,  que están convirtiendo las Redes en instrumentos de acoso, opresión y de odio, y no de comunicación, de liberación y de respeto hacia los demás. Como ha escrito atinadamente Manuel Vicent, ¡que triste que haya en el mundo más de 2.000 millones de pollos y gallinas picoteando, día y noche, banalidades, rebuznos y sandeces en los teclados del ordenador”!.

· Por eso, habría que desratizar las Redes Sociales de estos roedores portadores del burka, no dándoles carnaza, que sólo los ceba, ignorándolos y creando en torno a ellos un cordón sanitario. Así se evitaría que sigan contaminando y prostituyendo el comercio lingüístico en las Redes Sociales. Ignorándolos y privándolos de los púlpitos o tribunas a los que se han encaramado, desaparecerán como un terrón de azúcar en un vaso de agua. O acabamos con los del burka y “se educa a los niños en el pensamiento crítico o seremos los borregos más tontos de la historia de la humanidad, caminando al matadero y balando mentiras todos a una”, Rosa Montero dixit.

© Manuel I. Cabezas González
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20 de noviembre de 2019


domingo, 1 de septiembre de 2019

DE BARCELONA A ROMA PASANDO POR PARÍS

 

· Corrían los primeros días del presente año, cuando los medios de comunicación se hicieron eco de un nuevo proyecto piloto de la Unión Europea (U.E.). Con él se va a intentar internacionalizar la enseñanza universitaria europea, mediante la creación de “campus europeos inter-universitarios” o una “Red de Universidades Europeas”. Con este plan piloto, que presentaremos y analizaremos someramente ci-dessous, se pretende llevar a cabo un proyecto más ambicioso que el tradicional Erasmus y que el Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES).

· El programa Erasmus fue creado hace ya  más de 30 años (en 1987). Y está dirigido fundamentalmente a la enseñanza universitaria. Con él se ha pretendido estimular la movilidad de los jóvenes universitarios en el marco de la UE. Por otro lado, se ha intentado fortalecer la cooperación transnacional entre universidades mediante el reconocimiento académico de los estudios y calificaciones. Y, finalmente, se ha perseguido fortalecer la dimensión europea en la formación de los universitarios. Ahora bien, el programa Erasmus sólo ha afectado a un pequeño porcentaje de los universitarios europeos. Y, además, las ayudas-becas han sido y son claramente insuficientes para sufragar los gastos vitales de los “erasmistas”. Por eso, los resultados no han sido los que se esperaban.

· Por ese motivo, para seguir avanzando por este camino, se puso en marcha, con la Declaración de Bolonia (1999), el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). En este espacio y con este espacio, se ha pretendido y se pretende provocar una convergencia de la enseñanza superior europea, para propiciar e impulsar la movilidad de estudiantes, de titulados y de profesores entre todos los países de la UE. Además, este espacio debe permitir poner en marcha la “Europa del conocimiento”, base del crecimiento y del bienestar, tanto presentes como futuros, de los europeos. Podríamos decir que se trata de avanzar en la “globalización universitaria europea”, con todo lo que tiene de positivo y de negativo el concepto de globalización.

· Con el nuevo plan piloto de los campus europeos inter-universitarios” o “Red de Universidades Europeas”, se pretende dar un nuevo espaldarazo a la convergencia universitaria europea y, sobre todo, a la consolidación de la frágil construcción de la Unión Europea. En efecto, ante el Brexit y el auge de los populismos antieuropeos, que han sembrado dudas sobre el futuro de la Unión, la Europa del futuro no debe ser sólo financiera y económica sino, también y sobre todo, social y cultural. Y esta Europa cultural debe estar liderada por las universidades. De ahí el papel que deben jugar éstas.

· Este plan piloto tiene su epicentro en un discurso de E. Macron en la Sorbona, en septiembre de 2017. En este discurso, Macron formuló dos ideas básicas: necesidad de potenciar los intercambios y la movilidad de los estudiantes universitarios para que, en 2024, el 50% haya pasado, al menos, seis meses en otro país europeo; y, por otro lado, ante la casi segura materialización del Brexit, impulsar el multilingüismo, que debe reemplazar el monolingüismo del inglés, lengua franca “de facto” en la Unión Europea. Algunos meses después, en noviembre de 2017, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, llevó el asunto a la cumbre europea de Gotemburgo (Suecia), donde se dio el visto bueno al plan. A partir de esta fecha se ha ido perfilando el plan piloto que será implantado a partir del próximo curso 2019-2020.

· Según este plan piloto, para el próximo curso, se han creado 17 campus inter-universitarios europeos, de los que forman parte 11 universidades españolas (3 de Madrid, 4 de Cataluña, 2 de Andalucía y 2 de Valencia). Con este plan se va a intentar crear la Europa del futuro que, además de económica y financiera, debe ser social y cultural.  Para ello, se van a perseguir varios objetivos. Por un lado, se va a multiplicar por 10 y a diversificar la movilidad de los estudiantes universitarios; esto posibilitará, por ejemplo, que un estudiante español pueda iniciar sus estudios en Barcelona, continuarlos en París y terminarlos en Roma; esto implicará reconocer académicamente los estudios realizados en otras universidades y acabar con los problemas burocráticos de las convalidaciones. Por otro lado, se va a potenciar lógicamente el multilingüismo propiciando el  dominio de, al menos, dos lenguas europeas, diferentes de la propia. Además, se va a intentar crear conciencia de formar parte de la Unión Europea a través de la cultura y de la educación, para impulsar las sinergias y la cooperación entre los países europeos. Ahora bien, para alcanzar estos objetivos, habrá que implicar a todos los actores de la comunidad universitaria (alumnos, profesores-investigadores y personal de administración y servicios –PAS–).

· Ante la puesta en tela de juicio de la Unión Europea y ante la decepción-frustración de cada vez más ciudadanos europeos, este nuevo plan piloto parece una idea excelente, desde la óptica de aquellos que han optado y aceptado la filosofía de la “globalización”  o de aquellos que consideran que para salvar el proyecto europeo es necesario crear una Europa social y cultural, pensada por y para los ciudadanos. Ahora bien, este plan piloto de “campus europeos inter-universitarios” no es nada original y, además, tiene sus talones de Aquiles, que lo puede convertir en un sueño o una quimera.

· Por un lado, iniciar los estudios universitarios, por ejemplo, en Barcelona, continuarlos en París y terminarlos en Roma no es ninguna novedad ni nada original. En el pasado reciente y también actualmente, la internacionalización de la formación universitaria ha sido una realidad para unas pequeñas minorías: para los jóvenes cuyos padres tienen un estatus económico, cultural y social elevado y, por lo tanto, pueden pagarla; y también para muchos jóvenes españoles que, sin ayuda de nadie, continuamos nuestros estudios fuera de nuestras fronteras (París, Londres, Berlín, etc.), aplicando esa particular regla actualizada de San Benito de Nursia del “estudia y trabaja” (“ora et labora”, para los benedictinos).

· Además, el proyecto piloto de la U.E., referido a España, tiene varios puntos débiles, que pueden hacerlo naufragar y conducirlo al fracaso. Se podría decir que se ha puesto el carro delante de los bueyes o que se ha empezado la casa por el tejado. En efecto, en general, los jóvenes universitarios españoles han suspendido y suspenden en competencias lingüísticas en lenguas extranjeras. Y éstas son el instrumento y la condición sine qua non para que el plan sea eficaz y para sacar provecho de unas enseñanzas en una universidad extranjera. Además, los jóvenes universitarios españoles, en general, no han progresado adecuadamente en la adquisición de competencias enciclopédicas (Umberto Eco) en las distintas ramas del saber. Y, por eso, no pueden ser considerados la generación mejor y más formada de la historia de España. Por otro lado, los universitarios españoles, en general, llegan a la enseñanza superior sin haber adquirido las competencias instrumentales básicas para hacer  estudios superiores, ya que presentan grandes déficits en lectura, en escritura, en la toma de notas, en espíritu crítico, etc. Y, finalmente, hay que poner en entredicho tanto sus competencias aptitudinales  como actitudinales.

· Por todos estos motivos, es razonable y lógico preguntarse si esta internacionalización de la enseñanza universitaria europea continuará siendo, a corto plazo, un privilegio para unos pocos —los jóvenes cuyos padres tienen un estatus económico, social y cultural elevado— o una posibilidad irreal e hipotética para la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios. Ante los déficits apuntados, todo parece indicar que el proyecto piloto de una enseñanza universitaria europea compartida está abocado al fracaso. Habrá que esperar más de una década para que un pacto nacional español por la educación se firme y empiece a dar sus frutos. Mientras tanto, como ha escrito irónicamente alguien, la mayoría de los universitarios españoles podrán empezar la carrera en Estrella Galicia (España), la seguirán en Kronenbourg (Francia) y la acabarán en Moretti (Italia). El tiempo, sin que nadie se lo pregunte, dará o quitará razones. Y si no, al tiempo.

 © Manuel I. Cabezas González
Publicado también en Diario 16, Courrier International (Bélgica), Catalunya Press, El Confidencial Digital, El Obrero, Liverdades.com, InfoHispania, Las Voces del Pueblo, La Mar de Onuba, Fuerteventura Digital, Crónica Popular, , Noticanarias, Red de Blogs Comprometidos, Revista Rambla y Bembibre Digital.
31 de agosto de 2019