sábado, 31 de diciembre de 2016

“HONESTIDAD RADICAL” (H.R.) SIGUE EN SU LÍNEA

 
 
· H.R. suma un año más a su corta vida. Hoy cumple 4 “añines” y medio. Y, como no depende de nadie, sigue sin michelines y sin arrugas, que son la consecuencia de una vida desordenada, prostituida y subordinada a intereses y valores espurios, que es lo propio de los medios de comunicación al uso, tanto de antiguo como de nuevo cuño. En efecto, hace algunos años (2012), el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, ya afirmó certeramente: “Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta”.

· En estos 4 años y medio, H.R. se ha mantenido fiel a su declaración de principios y a sus objetivos fundacionales, que quedaron recogidos, negro sobre blanco, en el segundo texto (“De la honestidad radical”), publicado aquí. Además, H.R. ha aplicado a pies juntillas el lema que debía inspirar cada uno de los textos publicados, que cogí prestado a ese gran maestro de periodistas, Mariano José de Larra, y que reza así: Mi vida está dedicada a decir aquello que los demás no quieren oír".

· En este cuarto año de vida, H.R. ha incrementado sensiblemente el número  de visitas (+32.903), pasando de las 107.192 (diciembre de 2015) a las 140.095 (31 de diciembre de 2016). En los tres primeros años, cada texto fue leído por una media de 1.500 lectores. Ahora bien, en este cuarto año, la media ha subido sensiblemente: una media de 4.000 lectores le han hincado el diente a cada uno de lo textos publicados.

· Los lectores de los textos publicados en H.R. no son sólo los consumidores-degustadores que han visitado este oasis de libertad. Miles de lectores han accedido también a los mismos a través de otros medios, que han considerado que mis textos merecían un destino mejor que ese gran amigo de todo buen escritor: la papelera. Sin ánimo de ser exhaustivo, sólo quiero indicar algunos: Periodista Digital, La Nueva Tribuna, El Diari del Vallès, Crónica Popular, Bierzo7, Bierzo Diario, El Bierzo Digital, Bembibre Digital, El Espía Digital, Noticanarias, Fuerteventuradigital, Press Digital, Cerdanyola Informa, Cerdanyola Info. A Fons Vallès, Catalunya Press, L'Independent de Barberà, Voces del Pueblo, Red de Blogs Comprometidos, etc. Además, las reflexiones del progenitor de H.R. han encontrado cobijo en otros tres medios, en los que soy colaborador habitual, con sección propia: Periódico El Buscador (Sección: “Uno de Almagarinos”), Tribuna del País Vasco (Sección: “Desde la honestidad radical”) y Crónica Global (sin sección personal).

· A pesar de estos datos, que denotan que H.R. sigue progresando adecuadamente, debo constatar que el incremento tan importante de lectores no ha elevado significativamente el número de “feedback” (comentarios). En efecto, como el año pasado, son más numerosos los “voyeurs” (cf. cifra de visitas) que los agentes activos en el comercio lingüístico.

· Sólo me queda desearos a todos —lectores, glosadores o simples “voyeurs” de H.R.¡¡¡FELICES FIESTAS NAVIDEÑAS!!! ¡¡¡FELIZ NOCHEVIEJA!!!  Y un ¡¡¡VENTUROSO 2017!!!

© Manuel I. Cabezas González 
31 de diciembre de 2017

domingo, 11 de diciembre de 2016

LOS MISMOS PERROS CON DISTINTOS COLLARES*

 

· Con estos términos describen muchos ciudadanos a los miembros y "miembras" de la casta política, no por sus “verba” (palabras), sino por sus “facta” (obras), como reza el lema del Ayuntamiento de Cerdanyola. Y creo que lo hacen con toda la razón del mundo. En efecto, no se trata de que los responsables políticos, de cualquier nivel, no hagan cosas, sino de que no las hagan bien. Esto ya lo expuso D. Diderot (s. XVIII), cuando escribió: “No basta con hacer el bien: hay que hacerlo bien”.

· He hecho este introito para referirme a lo que ha sucedido y está sucediendo en el Parque de la Riera del Barrio Canaletes de Cerdanyola del Vallès. Este parque es el mejor tratamiento médico y el mejor medicamento para los vecinos del barrio y del pueblo-ciudad de Cerdanyola: desde que despunta el día y hasta después de que las tinieblas de la noche instalen el luto cotidiano, miles de personas (niños, adolescentes, jóvenes, maduros y personas de la tercera edad) lo frecuentan, lo recorren y lo disfrutan.

· Constatado esto, tengo que añadir que el estado de mantenimiento del parque deja mucho que desear. Basta con que caigan chuzos de punta para que los accesos y el camino central del parque queden impracticables, a causa del barro que renace de sus cenizas, en algunos sectores del parque, y de las profundas arrugas (regueros), que la lluvia deja tras su paso. Con muchas semanas de retraso, los responsables del Ayuntamiento intentan reparar una parte de los desperfectos con unas toneladas de arena que la próxima lluvia, como la mítica Penélope, destejerá y se llevará consigo. Por eso, creo que los responsables actuales del Ayuntamiento tendrían que seguir el consejo de A. Einstein: “si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”, es decir no sigas haciendo aquello que ya hacían, en el pasado, las autoridades municipales socialistas desalojadas del poder.

· Aunque este despilfarro de recursos públicos es muy grave, es aún más grave que el Ayuntamiento haga dejación de sus funciones y no repare diligentemente todos los desperfectos causados por la lluvia. Hace años que los accesos al parque están impracticables para mis conciudadanos con dificultades de locomoción o que se desplazan en silla de ruedas y para los padres con moisés rodante. Todos ellos tienen vedado el acceso al corazón del parque.

· No hace falta ir a la Universidad de Salamanca ni a la Universidad Autónoma, que tenemos aún más cerca, para encontrar la solución definitiva y funcional a las enfermedades crónicas del Parque de la Riera. Basta con labrar unas cunetas y se evitará la erosión producida por el agua; y basta con regenerar las partes del camino central del parque, donde el barro reaparece cada vez que llueve, con unas toneladas de grava y arena. Así de simple, así de barato, así de definitivo. Hacer esto es aplicar el tan manido principio de la “sostenibilidad” y gestionar los recursos del Ayuntamiento según los principios de la “calidad total” (hacer las cosas bien, desde la primera vez). Actuando así, los responsables municipales se podrán quitar el sambenito que los tilda de ser “los mismos perros con distintos collares”.

Manuel I. Cabezas González
www.honrad.blogspot.com
Texto publicado también en Periodista Digital, La Tribuna del País Vasco, Bierzo Diario, Liverdades.com., Red de Blogs Comprometidos, Cerdanyola Informa, Las Voces del Pueblo, L'Independent de Barberà, Crónica Popular, Catalunya Press, Cerdanyola info y Bembibre Digital.


(*) Donde he escrito Cerdanyola del Vallès, invito a mis lectores a que escriban el nombre del pueblo (Almagarinos, Rubí, Bembibre, Tudela, etc.) o de la ciudad (Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, etc.) donde viven; y donde he escrito “Parque de la Riera”, les invito a que pongan “glorieta de… o plaza de… o jardín de…  o aceras… o escuelas de... o limpieza de..., etc. y tendrán una descripción del modus operandi de los maestros Ciruela (esos personajes que no saben ni leer ni escribir y ponen escuela) de la casta política que despilfarran los recursos de todos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

DEL ARTE DE CALLARSE





Ars bene dicendi
 · La retórica o “ars bene dicendi” tuvo su origen en la Grecia clásica de la mano, entre otros, de Anaxímenes de Lámpsaco (Retórica a Alejandro) y de Aristóteles (Retórica). Con estas obras pretendieron enseñar el arte de expresarse oralmente de manera adecuada y eficaz. Ahora bien, con el paso del tiempo, la retórica se aplicó también a la expresión escrita. Por eso, excepto durante el Romanticismo (s. XIX), la retórica siempre formó parte de los sistemas de enseñanza en Occidente. Y, por esta razón, las obras de retórica se fueron multiplicando a lo largo de los siglos.

· Entre estas publicaciones está la del Padre Bernard Lamy, “Art de parler” (1675), que tuvo mucho éxito, en su tiempo, y de la que se hicieron más de 20 ediciones. Cuando B. Lamy hizo entrega de  la misma al Cardenal Le Camus, éste, para agradecerle el gesto, le dijo: el arte de hablar “es, sin duda, un arte excelente, pero ¿quién nos escribirá ‘El arte de callarse’?” En esta anécdota está el origen del opúsculo del abate Dinouart, ‘L’art de se t’aire’* (El arte de callarse), que fue escrito y publicado, casi un siglo después, en 1771, habiendo sido reeditado varias veces, incluso hoy día, y traducido a otros idiomas.

El arte de callarse
· En la primera parte de su ensayo, Dinouart define lo que es el silencio. Éste no consiste sólo en cerrar el pico y abandonar el uso del lenguaje. Es también una forma de comunicación mediante sistemas de signos no-verbales; por eso, hace referencia al “silencio que habla”. El silencio concebido como el hecho de no decir nada es el paso obligado para pensar, para reflexionar, para informarse y para preparar lo que se quiere comunicar; sólo así no se utilizará la palabra o la pluma en vano y sin fundamento. Ahora bien, cuando Dinouart enumera los diferentes tipos de silencio y explicita sus causas, pone el acento en el silencio como medio de comunicación (i.e. como instrumento para decir y hacer).

· Estas dos concepciones del silencio lo conducen, en la segunda parte de su opúsculo, a explicitar y analizar los tres graves errores que se cometen cuando se habla o se escribe. Por un lado, “muchas veces, se escribe o se habla mal”, al no haber cuidado y mimado la “lexis” (redacción y revisión del texto o discurso), dedicándole el tiempo necesario; y, también, porque la competencia lingüística del que habla o escribe tiene más agujeros o lagunas que un queso gruyer. Por otro lado, añade Dinouart, “frecuentemente, se escribe o se habla demasiado”, porque no se cuida la “euresis” (preparación de lo que vamos a decir) ni la “taxis” (la estructuración de lo que se ha decidido verbalizar). Y, finalmente, “no siempre se escribe o se habla bastante”, cuando la situación lo exige. Este último error, precisa Dinouart, es el fruto de un tipo de silencio, el “silencio del miedo y de la cobardía”, que es el silencio del que calla cuando es imperativo hacer sentir la voz. Este silencio y este error son característicos del que se impone la autocensura, con el fin de autosilenciarse como disidente, amparando así al delincuente y declarándolo impune.

· Del análisis de estos tres errores, el abate Dinouart deduce los “principios necesarios para explicarse” de manera eficaz, mediante la palabra o la pluma. Me permito recordar algunos, que ponen el dedo en la necesidad de gestionar, “comme il faut”, el silencio: 1. Sólo se debe dejar de callar cuando lo que se va a decir sea más valioso que el silencio. 2. Hay un tiempo para callar (reflexionar), igual que hay un tiempo para hablar (verbalizar). 3. El tiempo de callar (reflexión) debe preceder al de hablar (verbalización). 4. Nunca se sabrá hablar bien, si antes no se ha aprendido a callar (reflexionar). 5. Uno es débil, imprudente y cobarde si calla cuando está obligado a hablar; y muestra ligereza e indiscreción, cuando habla o escribe en vez de guardar silencio. 6. Guardando silencio, uno es dueño de sí; al hablar pertenece más a los otros que a sí mismo. 6. Hay que tener mucho cuidado al hablar porque la palabra dicha no vuelve atrás. 7. Tan meritorio es explicar bien lo que se sabe como callar lo que se ignora. 8.

“¿Por qué no te callas?”
· Estas máximas de Dinouart y sus reflexiones sobre el “arte de callarse” son intemporales y, por lo tanto, de plena actualidad. Por eso, pueden ayudarnos a analizar y comprender el comercio lingüístico de los españoles, caracterizado por una “colitis verbal” aguada y, en general, previsible. Como ha escrito Javier Marías, lo raro es que aquí (en España) alguien guarde silencio, por falta de opinión fundada, por perplejidad, por prudencia, por dudas, por no tener nada que aportar. Lo habitual es que a todo el mundo se le llene la boca en seguida”. Pensemos en los “maestros Ciruela de la casta política” o en los “todólogos” (esos charlatanes de mercadillo o “philosophes du jour”, como los llamaría Dinouart, que pululan en los medios de comunicación y en las redes sociales) o simplemente en los familiares y amigos reunidos en torno a una mesa. A todos ellos, ante la verborrea desenfrenada de la que hacen gala, se les podría interpelar utilizando el “¿Por qué no te callas?” que Juan Carlos I le “espetó” al fenecido presidente Hugo Chaves

· En efecto, en España, nunca se ha escrito tanto como hoy (72.000 libros nuevos cada año, millones y millones de artículos, comentarios, tuits, WhatsApp, SMS, correos, chats, blogs,…); nunca se ha hablado tanto y en tantos foros; y nunca se nos ha sometido, en todo tipo de soportes, a tal saturación de imágenes, sonidos y mensajes. Y, por otro lado, los españoles somos muy dados a pontificar sobre lo divino y lo humano, a desparramarnos o desmelenarnos  lingüísticamente hablando, a utilizar o tomar la palabra porque tenemos que decir algo y no porque tenemos algo que decir, en vez de guardar un sepulcral e higiénico silencio. 

· Esta hipertrofia lingüística demuestra que los españoles no sabemos guardar silencio y, por lo tanto, no sabemos comunicar. Este tipo de comportamiento ha sido criticado reiteradamente, a lo largo de la historia, por muchos de los sabios que en el mundo han sido con una serie de apotegmas: Quien sabe hablar, sabe también cuando hacerlo” (Pitágoras); “Para saber hablar es preciso saber escuchar” (Plutarco); “El que callar no puede hablar no sabe” (Séneca); “Rompe tu silencio sólo si tienes algo que decir“(Abbé Dinouart); o como enseña un relato sufí, “si hemos nacido con dos ojos, dos orejas y una lengua, deberíamos ver y oír dos veces antes de hablar”. 

 · En boca cerrada no entran moscas, reza el refrán.  Pero, ¡qué lejos estamos de seguir el ejemplo de José Saramago! Un día, una joven periodista le preguntó: "Maestro, tras su primera novela, dejó de escribir durante 20 años, ¿por qué?". A lo que el autodidacta premio Nobel portugués le respondió: "No tenía nada que decir”. Los “maestros Ciruela de la casta política, los “todólogos” y los españoles, en general, estaríamos más monos si siguiéramos el ejemplo de Saramago y si abriéramos menos el pico. Así, no nos sucederá lo que le pasó a la bella, tentadora y lozana hembra del chiste que cuenta Pérez-Reverte en uno de sus interesantes textos dominicales. En una cafetería, un apuesto caballero la cubrió de caricias verbales  y, ante su reserva y su pertinaz silencio,  el caballero le rogó encarecidamente: Respóndame, por favor. Dígame algo. A lo que la Eva tentadora y de carnes prietas le respondió: “¿Pa qué? ¿Pa cagarla?” Verde y con asas: cuidado con romper el silencio, ya que podemos “cagarla”, y permitamos que hable el silencio.

© Manuel I. Cabezas González
Publicado también en Periodista Digital, BierzoDiario.com, Liverdades.com, BembibreDigital, Red de Blogs Comprometidos, FuerteventuraDigital, Noticanarias, La Tribuna del País Vasco, Cerdanyola Informa, A Fons Vallès, Las Voces del Pueblo, Crónica Popular, El Espia Digital, Agenda Roja Valencia, Periódico El Buscador y L'Independent de Barberà.
17 de noviembre de 2016

(*) Abbé Dinouart (2004, 4ª edición), L’Art de se taire, Col. Atopia, Ed. Gérôme Million, Grenoble. (Obra traducida al español por Ediciones Siruela; en 2015, ya se habían hecho 10 ediciones).