domingo, 18 de agosto de 2024

Pan y Circo

 

Se suele decir que, si olvidamos la historia, corremos el riesgo de repetirla. Ahora bien, a veces, sólo recordamos intencionadamente los peores ejemplos para conseguir nuestros objetivos particulares, empleando para ello recursos deleznables del pasado. Para ilustrar esta actitud, basta con recordar esa expresión latina, tan actual, que reza así: “Panem et Circenses” (“Pan y Circo”)  de la Sátira X del poeta romano Juvenal. Esta expresión ha resistido el paso del tiempo, ha inspirado e inspira y ha servido y sirve hoy para justificar el hacer de la casta política española, de alta cuna o de baja cama, para conquistar y mantener el poder.

Juvenal  vs. Maquiavelo

Juvenal utilizó la expresión “Panem et circenses” para describir y criticar el proceder de los emperadores, que buscaban distraer, entretener, manipular, anestesiar y controlar, por ende, al populacho, mediante la distribución de alimentos (“panem”) y la organización de entretenimientos masivos (“circenses”) en el circo. Así conseguían que los ciudadanos olvidaran y renunciaran a sus derechos y deberes y se convirtieran en seres manipulables, dóciles e indefensos ante los abusos del poder.

Esta expresión se ha mantenido a lo largo de los siglos y, aún hoy, permite también describir y denunciar los métodos utilizados por la casta política para distraer con actividades lúdicas de ocio colectivo (toros, fútbol o deportes, en general; TV basura, etc.); y, por  otro lado, para satisfacer con migajas de tipo asistencial (paguitas, ayudas sociales, ingreso mínimo vital, etc.) a la masa, mientras que ésta descuida y no se preocupa ni ocupa de las cuestiones mollares, vitales y personales para ella (cuestiones sociales, sanitarias, educativas, económicas, políticas, etc.).

Además y nunca mejor dicho, el Parlamento, el Gobierno así como la vida política españolas son, en general, un circo, en el que priman la búsqueda de la viralidad, de lo estrafalario, de la provocación descarada, de las contradicciones-mentiras constantes. Estos comportamientos son cortinas de humo orientadas a distraer, entretener, desorientar, adormecer, manipular, etc. a las depauperadas masas, tanto económica como intelectual e informativamente. Así, éstas se olvidan de sus problemas o necesidades reales, aceptando sobrevivir (vivir de rodillas) en vez de vivir (vivir de pie).

El punto de vista crítico de Juvenal contrasta con el de Maquiavelo (cf. El Principe) y el comportamiento de la casta política española, que practica el engaño, la astucia y la doblez sistemáticos con los ciudadanos. En efecto, Maquiavelo y la casta política española se rigen por tres principios: 1. El fin (conquista y permanencia en el poder) justifica los medios; 2. La política no tiene relación con la moral; y 3. ¿Para qué intentar ganar con la fuerza de la razón o con la fuerza bruta lo que se puede conseguir con la mentira? Un ejemplo ilustrativo y paradigmático es Pedro Sánchez, su equipo de Gobierno y su partido (PSOE), que mienten hasta la hora de almorzar y, luego, todo el día.

El fútbol y los deportes (el Circo), el nuevo opio del pueblo

He traído a colación esta expresión romana, ilustrada por la pintura  del “íncipit” de esta reflexión, para ilustrar la permanencia de ciertos comportamientos tanto de los que mandan como de los que son mandados. El deseo de poder y de permanecer en el machito es tan grande en los psicópatas del poder de antaño y de ogaño, que siguen dando a las masas “pan y circo”. Y éstas, bobas, alienadas e indocumentadas, siempre muerden el anzuelo.

En efecto, la afición por los deportes, en general, y el fútbol, en particular, hace que los ciudadanos se interesen más por el fútbol que por la gestión de la “res pública” (i.e. política). Se podría afirmar que el “patriotismo de balompié” no sólo ha desplazado sino eliminado el “patriotismo ideológico”. Basta con observar las celebraciones multitudinarias, a lo largo del 2024, de los éxitos de los equipos españoles o de la Roja para certificar la pertinencia de lo expuesto: celebraciones millonarias del título de la Copa del Rey por el Athletic de Bilbao; de la Liga 2023-2024 y de la 15ª Champions, por el Real Madrid; de la 4ª Eurocopa, por la Selección Española; del éxito de Carlos Alcaraz en Wimbledon; de las 18 medallas cosechadas en los JJ.OO. de París.

Todas estas celebraciones movilizaron a millones de ciudadanos, ocupados y preocupados por los resultados deportivos, en los que parece que les va la vida. ¡Qué comedura de coco! Ahora bien, cuando está en entredicho y en peligro la democracia en España y campa por sus respetos lo peor de la casta política, de alta cuna i de baja cama, cortando el bacalao y poniendo en peligro la unidad de España, la legalidad vigente, el estado del bienestar y sus servicios fundamentales, ni Dios ha movido ni mueve ni piensa mover un dedo.

Esta actitud adocenada de los ciudadanos (¿se les puede llamar así?) españoles confirma la actualidad y lo ajustado del “panem et circenses” de Juvenal, que adormecía, atontaba y manipulaba al populacho romano y que hoy adormece, atonta y manipula también a la masa —desinformada, desnortada y, por lo tanto, sin criterio— de los españoles. Da la impresión de que están de acuerdo con Maquiavelo y no con Juvenal: parece que les gusta que los manipulen, que los ninguneen y que los engañen.

Como dijo Anaxágoras, “Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía”. Por eso, los ciudadanos (?) españoles, como verbalizó y argumentó A. Pérez-Reverte en una pertinente columna reciente (“España es culpable”), no nos podemos llamar a andana ni irnos de rositas: somos también culpables y corresponsables, “por estúpidos, por indiferentes y por cobardes”. Según opinión también de Pérez-Reverte, adaptada para la ocasión, los ciudadanos españoles tendrían que ir a votar con “menos ideología”, con menos “pan”, con menos “circo” y mucha “más biblioteca”. Además, como verbalizó un político inglés, dar a los ciudadanos el derecho de ir a votar, pero sin darles la información para hacer un uso racional, informado y responsable del mismo, es engañarlos y hacerles el caldo gordo a los de la casta política, de alta cuna o de baja cama, que viven de la política y no del sudor de su frente sino del de enfrente.

Hoy, se acumulan los motivos para mantener viva la indignación de Juvenal. El deporte sirve de coartada para las causas más injustas.  Por ejemplo, con el mundial de fútbol catarí — cuya organización fue comprada a golpe de talón a la FIFA— se blanqueó un régimen absolutista, que no tiene ningún reparo en admitir su carácter xenófobo, homófobo y machista; un país donde no se respetan los derechos humanos, donde las mujeres son tuteladas e invisibles, donde los trabajadores extranjeros son prácticamente esclavos (por sus condiciones de trabajo). Esto está en las antípodas de los valores que pretende sembrar y defender el deporte.

 © 2024 - Manuel I. Cabezas González

https://honrad.blogspot.com/

Publicado también en Voz Ibérica, Periodista Digital, La Paseata, A Fons Vallès, ÑTVEspaña, Insurgencia Magisterial, Diario de Santiago, Confidencial Digital, Diario 16, Revista Rambla, Cerdanyola al Día, La Tribuna del País Vasco y Catalunya Press.

17 de agosto de 2024

viernes, 12 de julio de 2024

La pandemia de la moda de los “influencers”

  

La pandemia del Covid-19 provocó muchos e importantes cambios para la humanidad. Uno de ellos fue la democratización del consumo generalizado de las redes sociales y el uso, mal uso y abuso de las pantallas, como medio para socializar, trabajar, educarse, entretenerse, etc. En efecto, las redes sociales fueron una de las soluciones que se usó para sobrellevar la crisis sanitaria desde los hogares. Los usuarios españoles de las redes dedicaban, por término medio, más de 6h. diarias a navegar por internet. Por eso, todas las plataformas crecieron en penetración, en tiempo de uso y en número de usuarios.

Este contexto potenció también uno de los perfiles más importantes de las redes sociales, que venía destacando desde hacía tiempo: la moda de los “influencers”. Su exposición creció y se consolidó con la pandemia y la postpandemia, al convertirse en la mejor y mayor inversión y en los mejores embajadores para las empresas. De hecho, durante la pandemia, fueron una fuente de entretenimiento y de prácticas contra la pandemia, y el instrumento para la comercialización de ciertos productos y servicios.

Los “influencers” son internautas con cierta reputación (?) o fama, que publican contenidos, que son leídos y vistos por miles o millones de seguidores, y con capacidad para influir sobre éstos. Y es tal su poder de convicción e influencia que los burócratas de Bruselas, en la última  campaña para las europeas (9J de 2024), solicitaron y utilizaron sus servicios para potenciar la participación de los jóvenes en las mismas. E, incluso, la Iglesia Católica va a canonizar a Carlo Acutis, “influencer” que murió a los 15 años y que es conocido por su labor de evangelización a través de internet.

Los “influencers” se han especializado (?) y actúan en los más variados sectores: moda, maquillaje y belleza, “foodies”, “gamers”, entretenimiento, “vloggers” y vida personal, viajes, “fitness”, política, economía, cultura, etc. Además de convertirse en prescriptores y en creadores de opinión o de tendencia para la masa, demasiadas veces sin fundamento, su obsesión es sumar “likes” y seguidores, hacer caja, vivir del cuento, explotando, esclavizando y engatusando a los internautas.

Los “influencers” infantiles: reyes de la casa o, más bien, esclavos de la casa

Hoy, muchos padres, con un apetito económico desenfrenado, usan a sus hijos para hacer caja y vivir gracias a la explotación de sus hijos. Para ello, no dudan en invertir tiempo, esfuerzo y recursos para convertir a sus hijos en jugadores de fútbol de élite o en participantes en concursos musicales o en “niños influencers”, etc. En esta columna vamos a detenernos y centrarnos sólo en los “niños-influencers”, explotados y esclavizados por sus propios progenitores, por medio de las redes sociales.

Estos “influencers infantiles” han sido objeto de análisis críticos en los medios de comunicación y en las redes; y se han convertido ya en protagonistas de la creación literaria en este inicio del s. XXI. Es el caso, por ejemplo, del relato de Delphine de Vigan, « Les enfants sont rois »* (2021, Gallimard, París).

En este relato, de Vigan narra la historia de una pareja: él, Bruno, informático; ella, Mélanie, anónima ama de casa y adicta a los “reality show”. Cuando ésta se convierte en madre (una hija, Kimmy; un hijo, Sammy), aburrida en casa, empieza a grabar el día a día de los niños y a colgar los videos en las redes sociales. Con el paso del tiempo, crecen rápidamente las visitas, los seguidores, los “likes”; llegan los patrocinadores y el dinero empieza a fluir copiosamente hacia la economía familiar. Así, lo que, en un  principio, era grabar, de vez en cuando, las andanzas de los hijos se profesionaliza y se convierte en una máquina de tortura, para los hijos, y de acuñar dinero, para los padres. Esta profesionalización obliga a los hijos a realizar rodajes interminables y agotadores, y a hacer frente a retos absurdos para generar videos. A pesar de una fachada “friendly”, en realidad, en los videos, todo es artificioso, todo está a la venta y la felicidad está impostada.

Mientras fueron pequeños, los hijos de Mélanie vivieron el sueño de todo niño: tener de todo y enseguida. Ahora bien, estos reyes de la casa o, más bien, “esclavos de la casa” empezaron a tener comportamientos censurables en la niñez: no aceptan un “no” como respuesta o que les pongan límites; no toleran la frustración, son egocéntricos, son quejicas, tienen necesidad de hacerse ver y llamar la atención, etc.

Ahora bien, al llegar a la mayoría de edad, los hijos de Mélanie —explotados y esclavizados, durante la niñez y la adolescencia— acusan las consecuencias negativas de la sobreexposición infantil en las redes: por un lado, rompen amarras con los explotadores padres; y, por el otro, los denuncian ante la justicia. En realidad, Sammy y Kimmy son dos juguetes rotos: Kimmy, consumidora de drogas y sexo; Sammy, carne de psiquiatra, afectado por el síndrome de Truman Show (delirio paranoico, que afecta a las personas expuestas a la celebridad). Además la pareja (Bruno y Mélanie) se separan. Lo que mal empieza, mal acaba.

Moraleja

La historia literaria de los hijos de Mélanie no es el producto de la imaginación de Vigan ni un caso único. Es el reflejo de la sociedad actual: más de un padre y/o madre empiezan a explotar y a monetizar la imagen de sus retoños, incluso antes de su concepción o siendo aún unos “nasciturus”. Un caso actual y español, entre otros muchos, es el de la pareja Aida Domènech y Alba Paul Dulceida que, hace unas semanas, difundieron, por las redes sociales, la ecografía de su futuro hijo, concebido según el método ROPA: Dulceia ha aportado el óvulo y Aida está asegurando la gestación. Casos así están creando también tendencia y están en el origen de un “baby boom” entre parejas de mujeres.

La moda de los “influencers” ilustra la deriva de la sociedad occidental, en la que se vive para ser visto y donde “le paraître” (el “parecer”) y el “avoir” (el “tener”) son más importantes que “l’être” (el “ser”),  en un mundo dominado por las redes sociales, donde todo se compra y se vende, redes que permiten comercializar y monetizar desde la vida privada e íntima hasta las ideas más absurdas e inconsistentes. El todo vale y el fin justifica los medios se han impuesto como principios rectores para los “influencers” y para los ciudadanos, si con ello se consigue fama y se 0btienen unos ingresos copiosos, que permitan vivir sin hacer nada de provecho, i.e. del cuento.

En estos últimos días, los medios se han hecho eco de “La ley de influencers” (Real Decreto 444/2024, de 30 de abril). Ahora bien, el objeto de la misma no es acabar con la explotación y esclavitud de los menores por parte de los padres, con la alienación contemporánea, con la comercialización de la intimidad, con la falsa felicidad proyectada en las pantallas y con la manipulación de las emociones. Su objetivo es controlar lo que dicen y lo que ganan los “influencers”. Por eso, el futuro, en este campo, no augura nada bueno.

(*) Publicado en español con el título “Los reyes de la casa” (Anagrama, Barcelona, 2022).

© 2024 - Manuel I. Cabezas González

https://honrad.blogspot.com/

 Publicado también en Diario de Santiago.es, Cerdanyola al Día, El Confidencial Digital, Diario 16, Catalunya Press, Insurgencia Magisterial, Bierzo Diario, Voz Ibérica, Revista Rambla, Diario del Alto Aragón, Periodista Digital, Diario de Noticias de Navarra, Bembibre Digital, Weightlossinjectionstop.com, Revista Asamblea Digital, Periódico El Buscador y La Paseata.

11 de julio de 2024