domingo, 7 de agosto de 2016

¿GERONA O GIRONA, LÉRIDA O LLEIDA,…?





 · En mis últimos textos me he dedicado a poner el dedo en la llaga de ciertos ejemplares del gremio de los “maestros Ciruela” (personajes que, según un refrán castellano, no saben leer ni escribir y ponen escuela): licenciadas en derecho, en filologías y en ciencias de la información. Ahora bien, la ignorancia, como dice la sabiduría popular, es muy atrevida  y los maestros Ciruela abundan también en otros colectivos. Es el caso del tándem formado por los miembros de la casta política y, en general, los “plumillas” de los medios de comunicación, que se complementan mutuamente y que tienen también el lenguaje (oral y/o escrito) como instrumento fundamental de trabajo. Hago referencia a estos pseudo-profesionales de la palabra para tratar de responder a las alternativas, formuladas en el título de esta reflexión. Se trata de dos casos ilustrativos, que son sólo la punta del iceberg de muchas otras alternativas lingüísticas.

· Desde el inicio de la Transición (1975), en las CC. AA. con dos lenguas oficiales, se inició el mal llamado proceso de “normalización” lingüística. Con ésta se pretendía generalizar e imponer  el uso de la lengua autóctona (catalán o vasco o gallego u otras modalidades lingüísticas) en todos los ámbitos de la comunidad autónoma respectiva. Esto provocó, al mismo tiempo, otro efecto deseado y buscado por los nacionalistas: el progresivo desplazamiento, la marginación y la eliminación de la lengua española (el mal llamado “castellano” en la Constitución de 1978), en los ámbitos institucionales y en las situaciones más formales de comunicación.

· Sin embargo, los maestros Ciruela de la casta política no se contentaron con esto. Procedieron también a la “normativización” de ciertos aspectos del español, la lengua común de todos los españoles. Se trata de un proceso que, en general, precede a la normalización del uso de una lengua (cf. ut supra). Con la normativización se toman decisiones sobre la naturaleza de la lengua, determinando la norma (léxica, ortográfica, fonética y morfosintáctica) que hay que aplicar al usar una lengua. Ahora bien, la normativización y su resultado, la norma, no pueden ser caprichosas por parte de los que la llevan a cabo, ya que podrían entorpecer la comunicación entre los usuarios de una lengua. Por eso, en la normativización, no se puede actuar a la ligera, como lo han hecho los maestros Ciruela de la  casta política española, metiéndose en camisa de once varas.

· Según el Art. 25.2. del  R.D. Legislativo 781/1986, de 18 de abril, sobre régimen local, sólo mediante ley aprobada por las Cortes Generales se puede modificar la toponimia. En base a este artículo, se ha ido cambiando la toponimia en español e imponiendo, como única forma oficial, ciertos topónimos en gallego, en catalán, en vasco, etc. Así, por ejemplo, en vez de Gerona, Lérida, Orense, La Coruña, Guipúzcoa o Vizcaya,… hay que decir, al utilizar el español, Girona, Lleida, Ourense, A Coruña, Gipuzkoa o Bizkaia,…, según los maestros Ciruela de la casta política. Y éstos son sólo algunos ejemplos. En efecto, muchos otros topónimos han cambiado de nombre sin haber pasado por el Congreso de Diputados. Basta con consultar el Registro de Entidades Locales (REL).

· En los procesos de normativización de las lenguas autóctonas (en nuestro caso, las de las CC. AA. con dos lenguas oficiales), es lógico y razonable que se restablezcan los topónimos tradicionales de estas lenguas y que se fomente el uso de los mismos cuando se emplean dichas lenguas. Ahora bien, lo que no es de recibo, desde ningún punto de vista, es que, cuando los hispanohablantes usamos el español, tengamos que utilizar topónimos o también palabras procedentes de estas otras lenguas (catalán o gallego o vasco, etc.). ¿Por qué?

· Desde el punto de vista de la lingüística aplicada, cuando dos o más lenguas entran en contacto pueden suceder tres cosas. Una de ellas es la amalgama total o parcial de las lenguas en contacto. En el caso de la amalgama parcial, unidades lingüísticas o estructuras morfosintácticas o fónicas transitan entre las lenguas en contacto, provocando interferencias y contaminándose mutuamente. Ahora bien, la presencia de unidades lingüísticas de otra lengua (por ejemplo, del catalán o del gallego o del vasco,…), cuando se utiliza una lengua determinada (por ejemplo, el español), da una pobre y mala imagen del que habla o escribe. Es algo negativo. En efecto, las interferencias denotan que el locutor posee un bilingüismo desequilibrado y deficiente, fruto de las lagunas y de la inconsistencia de su competencia lingüística en las lenguas en contacto.

· Por eso, cuando hablamos o escribimos debemos mantener separadas las dos lenguas y utilizar o la una o la otra. Esto es un signo de un grado de bilingüismo más equilibrado; y, por consiguiente, da una imagen más positiva del locutor. Por eso, si utilizo el español y me refiero a la capital del Reino de los Belgas, hablaré de Bruselas y no de Bruxelles; o si me refiero de la capital del Reino Unido, hablaré de Londres y no de London; o si me refiero a la región francesa donde se encuentra una de las sedes del Parlamento Europeo, hablaré de Alsacia y de Estrasburgo y no de Alsace y de Strasbourg. Del mismo modo, cuando se usa el español, hay que utilizar los topónimos tradicionales en español y decir Gerona, Lérida, Orense, La Coruña, Guipúzcoa, Vizcaya,… y no, como pretenden los maestros Ciruela de la casta política, Girona, Lleida, Ourense, A Coruña, Gipuzkoa o Bizkaia,… Y éstos son sólo algunos ejemplos.

· Por otro lado, desde el punto de vista del funcionamiento del lenguaje, hay que insistir en el hecho de que el uso de las lenguas es uno de los lugares donde el poder del pueblo y, por lo tanto, la auténtica democracia directa son una realidad tangible. En efecto, una lengua es y será lo que deciden, con el uso oral o escrito, los usuarios de la misma: los locutores. Ni la Real Academia Española (Rae), como expondremos infra, ni los maestros Ciruela de la casta política, aún menos, pueden prescribirnos cómo debemos hablar o escribir. En el campo lingüístico los ciudadanos-locutores son auténticos soberanos e imponen su ley: los usos lingüísticos.

· El punto de vista de la Rae es respetuoso con la naturaleza y la lógica histórica de las lenguas, que acabamos de apuntar. Como precisa el escritor y académico Javier Marías, la Rae, “a lo sumo, advierte, mediante las marcas ‘vulgar’ o ‘negativo’ que tal o cual vocablo pueden resultar malsonantes o denigratorios”. Por lo tanto, si la Rae, ese conclave de sibaritas del lenguaje, no puede imponer los usos del español, con menor motivo podrán hacerlo los maestros Ciruela de la casta política. Como decía el lingüista y académico E. Alarcos-Llorach, “hay que dejar la lengua y las lenguas en paz. En ellas manda la colectividad. Si los ciudadanos son los depositarios de la soberanía política, los hablantes son los de la lingüística”. Por su lado, el también académico y lingüista Gregorio Salvador, no se cansaba de repetir que “las academias son como los notarios […], que sólo dan fe de que tal cosa se dice así en tal nivel de uso”.

· En relación con el tema abordado, se podrían aportar otras muchas citas de autoridad, que van siempre en la misma dirección: cuando se habla o se escribe en español, los topónimos catalanes, gallegos o vascos que tengan forma tradicional española deben ser utilizados según la grafía que corresponde al español. Y por eso, hay que decir y escribir Gerona y no Girona, Lérida y no Lleida, Orense y no Ourense, Cataluña y no Catalunya, País Vasco y no Euskal Herria, Vizcaya y no Bizkaia, Guipúzcoa y no Gipuzkoa etc. Y suma y sigue.

· Esto —que es evidente, lógico y dictado por el sentido común—, ha sido tergiversado por los maestros Ciruela de la casta política que, con la ayuda de los “plumillas” apesebrados y también de los profesores acríticos, han ido imponiendo cambios en la toponimia en español. Estos cambios no sólo contaminan, deforman y degradan la lengua española; también contribuyen a desarmar lingüística y culturalmente a los hispanohablantes, al tiempo que constituyen una nueva derrota del bilingüismo y un nuevo paso hacia el monolingüismo en las lenguas autóctonas. Así, como ha escrito certeramente Javier Cercas, “nuestros disparates políticos son un reflejo de nuestros disparates lingüísticos, porque quien no respeta el lenguaje no respeta la realidad”.

· A los de la casta política se les podría decir aquello de “Manolete, Manolete, si no sabes torear “pa” qué te metes”; y a los “plumillas” y a los profesores, que dejen de repetir y difundir, como papagayos, lo que han decidido, en base a criterios partidistas, los maestros Ciruela de la casta política.

© Manuel I. Cabezas González
Publicado también en Periodista Digital, La Tribunma del País Vasco, Bembibre Digital, Las Voces del Pueblo, Navarra Confidencial.com, Red de Blogs Comprometidos, Crónica Popular, Noticiero Universal, L'Independent de Barberà, El Confidencial Digital, CatalunyaPress, Pressdigital.es, Burbuja.info (Foro de Economía), A Fons Vallès y El Espía Digital.com.
5 de agosto de 2016

19 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo.
    Cuando estamos hablando en castellano (base del español) se debería usar el topónimo en castellano (Gerona, Orense, Vizcaya, etc.) y si se expresa en catalán, gallego o vasco por ejemplo deberíamos decir Girona, Ourense, Bizkaia.
    Lo cortés no quita lo valiente.

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  2. Joan Castellví Mercier8 de agosto de 2016, 12:36

    Joan, (Juan?) 8/8/16
    Estoy de acuerdo.
    Si decimos Londres, podemos decir Lérida, Villafranca o El Mas nuevo, silos(sitges)o Molinos de Rey.

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    1. Sr. Castellví,

      • En su lacónico comentario detecto o una falta de información y de reflexión o un recochineo y un retintín, que no pueden quedar sin respuesta.

      • Citando los ejemplos que di en mi texto, dice Ud. y dice bien que, “si decimos Londres, podemos decir Lérida, Villafranca”. Ahora bien, los ejemplos (El Mas nuevo, silos (sitges) o Molinos de Rey), que añade Ud. después, no son pertienentes. Y esto es así por los argumentos que di en mi reflexión. Relea o, más bien, rumie mi texto y lo verá claro.

      • Para mayor abundamiento, quiero citarle dos pasajes de una obra reciente de la RAE (2010), Ortografía de la lengua española, Espasa, Madrid.

      • Por un lado, en el punto “3.1.1. Ortografía de los topónimos hispánicos” puede leerse: “Los topónimos que aluden a un lugar que se encuentra en territorio de habla hispana, al igual que el resto de las palabras de nuestra lengua, deben someterse a las reglas ortográficas del español. La mayor parte de estos topónimos presentan una única forma asentada” (p. 640).

      • Y por otro, en el punto “3.1.2. Formas cooficiales”, se precisa aún más la cuestión: “En España, muchos topónimos de las zonas bilingües (Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares y País Vasco) cuentan con dos formas, una perteneciente a la lengua española y otra propia de la lengua autonómica cooficial. Lo natural es que los hablantes seleccionen una u otra en función de la lengua en la que están elaborando el discurso. En consecuencia, los hispanohablantes pueden emplear, siempre que exista, la forma española de estos nombres geográficos, y transferir aquellos topónimos que posean una expresión única, catalana, gallega o vasca”. Y para ilustrar lo expuesto se da el ejemplo siguiente: “Pasó parte de su verano en SANJENJO, pero tuvo tiempo para visitar BILBAO y llegar hasta GERONA; su familia vive en SANT FELIU DE GUIXOLS”.

      • Además, se deben distinguir dos tipos de “exónimos”: los “TOPÓNIMOS MAYORES”, que designan, en general, grandes espacios geográficos o grandes realidades geopolíticas y que son de uso frecuente; estos topónimos tienen una forma españolizada; por ejemplo, Sanjenjo, Bilbao, Gerona, etc. Y los “TOPÓNIMOS MENORES”, que designan, en general, pequeñas realidades y que son de uso más esporádico; estos topónimos conservan, en español, la forma de la lengua hablada en el territorio en cuestión; por ejemplo, Sant Feliu de Guixols, Masnou, Sitges, Molins de Rei, etc.

      • Sr. Castellví tome Ud. nota y no use palabras españolas cuando hable o escriba en catalán; y no utilice palabras catalanas cuando hable o escriba en español. El éxito o el fracaso de su comunicación dependerá, en parte, de esto.
      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      9 de agosto de 2016

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  3. Suscribo el articulo, y añado: ¿y qué me dices de los ciruela que ademàs de no saber español salpican sus escritos y/o comentarios de anglicismos, los pocos que se saben?

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    1. Estimado Auspiciovillañ,

      • Los argumentos aportados para poner en entredicho la “normativización” del español por imperativo testicular de los maestros Ciruela de la casta política nacionalista-independentista valen también para criticar a aquellos que siembran sus textos orales o escritos de anglicismos.

      • En efecto, en el campo de la lingüística comparada, cuando se analiza el bilingüismo o el multilingüismo (i.e. el contacto de lenguas en un individuo concreto o en una sociedad determinada), la mezcla o la amalgama de lenguas está muy mal vista, es algo negativo y denota lagunas en la competencia lingüística en las lenguas en presencia.
      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      9 de agosto de 2016

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  4. totalmente de acuerddo. han vendddidoo españa alos nazuionalistas , y creo que sera dificil desfacer el entuerto

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    1. Gregorio,

      • Como tú, creo que lo que se ha producido en España, desde hace varias décadas, es una dejación de funciones por parte de los maestros Ciruela de la casta política estatal (i.e. del Gobierno central) ante los desmanes de los nacionalistas, que finalmente se han quitado la capucha y les hemos visto el rostro independentista.

      • Sin embrago, en contra de lo que piensas, creo que es posible “desfacer el entuerto”, y rápidamente. Basta con que los maestros Ciruela de la casta política cumplan la palabra dada cuando juraron o prometieron sus cargos: “JURO/PROMETO GUARDAR Y HACER GUARDAR LAS LEYES”, verbalizaron en las tomas de posesión de sus cargos. Esto es el abc de la democracia y del estado de derecho.

      • Ahora bien, también reconozco que solicitar a los de la casta política que respeten la palabra empeñada es como pedir peras al olmo. Como para la mayor parte de ellos tira más el pesebre y el cubil que los principios y los valores, soy muy pesimista con lo que nos deparará el futuro. Precisado esto, quiero decirte también que si luchamos, podemos perder; sin embargo, si no luchamos, estamos definitivamente perdidos.

      Un cordial saludo.

      Manuel I.
      9 de agosto de 2016

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  5. Inaceptable ataque al gremio de los maestros y, por ende y por extensión, a las ciruelas de éste individuo.
    Esto no quedará ( kedará) así.

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    1. Anónimo “descarado” (sin cara) y “desalmado” (sin alma, cuyo reflejo es el rostro),

      • Es Ud. uno de esos especímenes que intervienen en las Redes Sociales portando el burka-pasamontañas del anonimato. Y comprendo muy bien por qué se ha presentado de esta facha aquí, en este “dazibao” libre y sin censura que es HONESTIDAD RADICAL.

      • Ha hecho Ud. gala de escribir sin antes haber leído y comprendido el contenido de mi zurrón lingüístico. ¿O acaso Ud. no sabe leer? ¿O acaso Ud. se ha puesto a garabatear unas palabras inconexas, sin antes haber dedicado el tiempo preceptivo para preparar el contenido de su inconsistente mensaje? Así se comprende que Ud. no haya dado la filiación a su aborto lingüístico.

      • Como ha quedado patente en su deslavazada seudorespuesta, Ud. no sabe lo que significa la expresión “MAESTRO CIRUELA” y ha visto gigantes donde sólo había molinos de viento. Además hace gala de su ignorancia y de su bravuconería. Y se muestra ufano de ello. Es para hacérselo mirar.

      Manuel I. Cabezas
      10 de agosto de 2016

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  6. Ud puede llamar Lerida a Lleida, Gerona a Girona o Londres a London. Nadie se lo impide. Como yo hablo de Saragossa, en mi idioma natal, cuando hablo de Zaragoza. Pero evidentemente la única denominación oficial de cada topónimo debe ser el de la lengua propia de cada pais.
    En resumen, menos demagogia, más cultura y, sobretodo, más respeto

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    1. Estimado Sr. Selva:

      • Le agradezco que haya reaccionado al contenido de mi reflexión lingüística sobre la producción legislativa de los que he denominado “los maestros Ciruela de la casta política española”, esos personajes que, como dice Pilar Rahola, “salen del todo a 100 de los partidos”. Y, como la ignorancia es muy atrevida, meten las narices en terrenos que desconocen y toman medidas y decisiones que no les competen.

      • Además, le agradezco que lo haya hecho Ud. dando la cara o, mejor dicho, el nombre y sin llevar puesto el burka, para parapetarse y esconderse tras el vergonzoso burladero del anonimato cobarde. Ahora bien, como lo cortés no quita lo valiente, quiero contestarle a algunas de las afirmaciones gratuitas y, por lo tanto, falsas, que hace Ud. en su lacónico comentario.

      • Como introito, quiero decirle que Ud. o no ha leído “in extenso” mi texto o no lo ha comprendido o no sabe Ud. leer mensajes en español. En las tres hipótesis, Ud. no queda en buen lugar. Pero metámonos en harina.

      • En primer lugar, Ud. escribe: “Ud (sic) puede llamar Lerida (sic) a Lleida, Gerona a Girona o Londres a London. Nadie se lo impide”. Esto es falso. En efecto, si yo hablo o escribo en español, yo no puedo utilizar cualquiera de las dos alternativas. Tengo que utilizar imperativamente “Gerona, Lérida o Londres”. Si es Ud. el que habla o escribe y lo hace en catalán, debe Ud. utilizar “Girona, Lleida o Londres).

      • En segundo lugar, Ud. pontifica: “la única denominación oficial de cada topónimo debe ser el (sic) de la lengua propia (sic) de cada pais” (sic). De nuevo, mea Ud. fuera del texto, perdón del tiesto. Relea mi texto y se dará cuenta Ud. de que se ha expresado al sabor de la boca o, mejor dicho, de los dedos. En los “topónimos mayores” hay tantas denominaciones oficiales como lenguas y no una “única denominación oficial”.

      • Y para rematar su renco e inconsistente comentario, Ud. acusa al mensajero de “demagogo”, de “inculto” y de “faltar al respeto”. ¡Menos lobos, Caperucito! El que suscribe se ha puesto la bata de lingüista y ha reflexionado sobre un comportamiento concreto de los “maestros Ciruela de la casta política española”, aportando argumentos y exponiendo lo que los lingüistas han dicho desde esa ciencia llamada lingüística. Si exponer lo que dice la ciencia del lenguaje y de las lenguas (la lingüística) es una “falta de respeto”, no tengo ningún reparo en seguir faltando al respeto.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      26 de agosto de 2016

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    2. De las tres hipótesis que me achaca: no haber leído, no haber comprendido, o no saber leer, le admito que acierta Ud. en una conjunción de la segunda y la tercera puesto que, ciertamente, tengo que esforzarme en leer y comprender una lengua -el castellano- que no me es propia, ni la siento como tal. Por cierto, yo no tengo ningún problema en admitirle el uso del término "español" en contraposición a la mía, que no lo es.
      En cualquier caso, como me acusa de escribir falsedades, permítame apuntarle las que sí que observo yo en su artículo. Y también algunas las contradicciones.
      Dice Ud. que se han impuesto…ciertos topónimos…y que “hay que decir”…Girona, en vez de Gerona…etc. La pregunta es: en que regulación se han impuesto o, que normativa concreta obliga, cuando se usa el castellano, a usarlos (disculpe pero mi teclado no reconoce los interrogantes).
      Por el contrario, sí que en su escrito entreveo ciertas ansias impositoras con expresiones como “hay que usar”, “debemos usar”, “imperativamente…” ansias que se contradicen, por cierto, con una cita de su propio artículo y que, supongo, hace suya: “hay que dejar la lengua y las lenguas en paz. En ellas manda la colectividad. Si los ciudadanos son los depositarios de la soberanía política, los hablantes son los de la lingüística”. Pues eso, si en el uso social se implanta, que no se impone, hablar de Lleida, de Girona o de Poboa de Tribes, por decir algo...así será, muy a su pesar.
      En mi caso concreto, uso los topónimos propios de la otra lengua indistintamente y según las circunstancias. Así, por ejemplo, suelo decir y escribir, cuando hablo o escribo en catalán o en castellano, Euskal Herria, Euzkadi, Euskera, en lugar de Pais Vasco, Vascongadas o Provincias Vascas…por afinidad, por simpatía y por respeto; y porque percibo cierto agradecimiento tácito por parte de mis interlocutores vascos de que así lo haga.
      Por último, en cuanto a su afirmación sobre el ansia de los nacionalistas de desplazar y marginar la lengua española…permítame que me abstenga, por respeto a terceros, de escribir lo que pienso sobre el mismo, perteneciendo, como pertenezco, a una nación en la cual otro nacionalismo ha prohibido obstinadamente y durante largos períodos de nuestra historia el uso público y, incluso, privado, de nuestra lengua.
      En cualquier caso, tengo por seguro que en el origen de cualquier nacionalismo siempre se encuentra la existencia previa otro nacionalismo más excluyente y dominante, y que el primero surge como lógica reacción de defensa y de supervivencia contra los abusos y atrocidades causadas por el segundo.
      Saludos cordiales.

      Toni Selva (comento como anónimo por problemas informáticos).

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    3. Estimado Sr. Selva:

      • El tono y el contenido de su contestación a mi reacción a su primer comentario (?) me han hecho pensar en el converso o “cristiano nuevo”, el Sr. Gabriel Rufián Romero, hijo y nieto de trabajadores andaluces, que nació y se crió en Santa Coloma de Gramanet y actualmente es diputado por ERC en el Cámara Baja de España, gracias a lo cual tiene unos ingresos mensuales, que le han permitido escapar de las garras del paro. Esto es sólo una simple constatación, con connotaciones, por cierto, negativas por lo de “converso” o “cristiano nuevo”. Piense Ud. en Torquemada, primer inquisidor de Castilla y Aragón (s. XV), cuyo nombre sirve de sinónimo para la “crueldad” y el “fanatismo” (hoy lo aplicaríamos también al “fundamentalismo” y al “nacionalismo” que practican algunos) y que fue implacable en la persecución y ejecución de sus hermanos en la ley mosaica, los conversos judaizantes. Pero, dejemos esto de lado y “¡anem per feina!”.

      1. Su confesión de “no comprender” o de no “saber leer en español” es el reconocimiento explícito del fracaso de la política lingüística llevada a cabo por los sucesivos Gobiernos de la Generalidad de Cataluña, tanto de derechas como de izquierdas, pero todos nacionalistas. A bombo y platillo, los maestros Ciruela de la casta política catalana, arropados por ciertos pedagogos de pesebre y por muchos profesores nacionalistas, siempre han propalado la mentira de que los jóvenes españoles de Cataluña terminaban sus estudios obligatorios dominando las dos “lenguas propias” principales (catalán y español) de los ciudadanos españoles que vivimos en Cataluña, al tiempo que eran sentidas como propias. Su testimonio, lleva el agua a mi molino, en el que siempre he molido la idea de que la lengua española ha sido marginada como lengua vehicular del sistema educativo y así es imposible llegar a dominarla. Paséese por Honestidad Radical y encontrará un análisis detallado, desde el punto de vista de un humilde lingüista (el que suscribe), del desaguisado de la política lingüística, impuesta mani militari por los políticos nacionalistas de todo cuño, que han hecho oídos sordos a los especialistas en psicopedagogía, psicolingüística, sociolingüística, etc. A pesar de lo que ha constatado en su propia persona, si Ud. sigue considerando que el no dominar el español, lengua hablada por casi 560 millones de locutores y diseminada por decenas de países, no es ningún hándicap ni para Ud. ni para su descendencia, el tiempo le quitará la venda de los ojos y, entonces, será tarde para rectificar.

      2. A pesar de su ceguera y su “torquemadismo” (“Por cierto, yo no tengo ningún problema en admitirle el uso del término ‘español’ en contraposición a la mía, que no lo es”, escribió Ud.), el catalán es una de las lenguas habladas en España y es, por lo tanto, una lengua española. Si Ud. fuera una persona más leída e informada, estaría al tanto de las explicaciones dadas por la Rae (Real Academia Española), en el Diccionario panhispánico de dudas, publicado en papel en 2005. Puede Ud. consultarlo también vía Internet. Vaya directamente a la entrada “ESPAÑOL” y se disiparan las tinieblas en la que se encuentra.

      3. En otro momento de misiva, Ud. me pregunta: “¿En que (sic) regulación se han impuesto o, (sic) que normativa concreta obliga [a emplear los topónimos en las lenguas autonómicas], cuando se usa el castellano, a usarlos (sic)?” No quiero ser prolijo en mi contestación. Simplemente le doy la punta del ovillo para que Ud. lo deshaga y deje de comportarse como un típico alumno de la LOGSE. Por ejemplo, Ley 2/1998, 3 de marzo, sobre cambio de denominación de las provincias de La Coruña y Orense; Ley 19/2011, de 5 de julio, por la que pasan a denominarse oficialmente “Araba/Álava”, “Gipuzcoa” y “Bizkaia” las demarcaciones provinciales llamadas “Álava”, “Guipúzcoa” y “Vizcaya”;…

      .../... SIGUE


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    4. CONTINÚA .../...

      4. Me tilda Ud. también de tener “ciertas ansias impositoras” y saca de su contexto tres expresiones (“hay que usar”, “debemos usar”, “imperativamente…”) y me acusa de contradecirme. Ni hay contradicción, ni tampoco “ansias” de imponer nada. Mi argumentación es lingüísticamente objetiva e impecable, ya que cualquier lingüista la suscribiría. En efecto, en las lenguas, manda la colectividad de los locutores y una lengua será lo que decidan ellos hablando y escribiendo. Si los hispanohablantes usan o usamos “Gerona” o “Lérida” o “La Coruña” u “Orense” o…, aquellos que tienen una lengua propia diferente (catalán, gallego, vasco, francés, etc.) y utilicen el español deben utilizar los topónimos en español y no los de su lengua propia. Por lo tanto, estimado interlocutor, no hay ninguna contradicción en mi verbo. El problema se encuentra, como reconoce Ud. en su comentario (?), en Ud. que, y lo vuelvo a repetir, o no ha leído el texto o tiene dificultades o no sabe leer en español o las tres cosas a la vez.

      5. Por otro lado, también pone en duda mi “afirmación sobre el ansia de los nacionalistas de desplazar y marginar la lengua española… [y añade] permítame que me abstenga, por respeto a terceros, de escribir lo que pienso sobre el mismo”. En esta cita, si la contrastamos con lo que dice al principio de comentario, sí que hay una contradicción nítida. Si el español no hubiera sido marginado, por ejemplo, del sistema educativo catalán, Ud. habría aprendido y sabría utilizar y no tendría dificultades para expresarse por escrito (por cierto, su competencia escrita en español tiene más agujeros-lagunas que un queso gruyer; en las cortas citas que he dado en mis comentarios, he utilizado “(sic)”, cada vez que Ud. ha hecho una falta) y descodificar textos en la lengua de Cervantes. No comprendo lo de “respeto a terceros”. Respecto a esto, le recuerdo aquel aforismo clásico que reza así: “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, que adoptó la forma siguiente entre los romanos: “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad). Como dice la sabiduría popular, la verdad, como los corchos o los fiambres, siempre sale a flote. No tenga miedo a verbalizar su verdad, caiga quien caiga. Como dice uno de los evangelistas, creo que San Juan, “la verdad os hará libres”. Se ve que Ud. no lo es.

      Estimado Sr. Selva, no quiero extenderme más para no fatigarlo con una lectura en una lengua que no siente como propia. A la espera de su verdad, un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      27 de agosto de 2016

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  7. Bien...
    Le avanzo ésta será mi última respuesta en su blog pues me aburren y me cansan los diálogos que no conduzcan a otra cosa que no sea un eterno bucle de incomprensión mutua. Sobre todo, si la otra parte lo adorna constantemente de menosprecio y de insultos más o menos velados; tan propios, por otra parte, de la “cultura política” a la que pertenece. Intento ser breve.
    Habla Ud. de Rufián, con menosprecio, diría que con mal disimulado odio; poco menos que de traidor vaya. Lógico. No puede entender, y os irrita sobremanera, que muchos de los que creías de los vuestros, veáis que ya no lo son; que muchos de los que considerabais “colonizadores” vayan adquiriendo conciencia de pertenencia a un país colonizado y explotado. Por suerte para nosotros – y para desgracia vuestra - con los sucesivos relevos generacionales, esto es cada vez más usual en Catalunya. Así, que un Andaluz de nacimiento pueda llegar a ser President de la Generalitat, o que un castellanohablante pueda encabezar la lista d’ERC es algo que distorsiona vuestro discurso ideológico siendo, además, muestra de una tolerancia que es inimaginable en vuestro ámbito. A la historia me remito. De hecho, os pasó lo mismo en México, en Cuba… en todas las “Provincias de Ultramar” También ellas formaban parte, a la fuerza, de la unidad inquebrantable de la patria. Hasta que dejaron de serlo, muy a vuestro pesar, cuando la voluntad mayoritaria de sus habitantes así lo quiso...
    Sigue Ud. con Torquemada...No deja de ser, como mínimo, jocoso que nos acuse a nosotros de “torquemadismo”; y que dicha acusación provenga de un heredero directo de la nación que engendró tan insigne personaje; emblemático ejemplo de la histórica tolerancia castellano-española.
    Continúa Ud. con una afirmación rotunda: el catalán, viene a decir, es una lengua española, una de las lenguas que se hablan en España. Bien, opinión rotunda, pero que no se corresponde en absoluto con la mía. Para mí, el catalán es la lengua propia de Cataluña y una de las lenguas que se propias que se hablan en la península ibérica, además del portugués, gallego, euskera y castellano. Dos opiniones. Ni más ni menos. Y, por suerte, ninguna de las dos forma parte de una “realidad divina” o del “derecho natural”, aunque me temo que Ud. esté convencido, para con la suya, de que así es.
    Dice también, haciendo suyo el ridículo discurso del neo falangismo de origen catalán que se apresta estos días a ayudar a consolidar otro gobierno ultranacionalista español, que la inmersión lingüística ha sido impuesta “manu militari”.... Diría, simplemente, que la inmersión ha sido avalada democráticamente por la mayoría parlamentaria de mi país, desde hace más de treinta años. Y esto es lo que os duele. Ahora, intentáis socavar la unidad existente en Cataluña, alrededor de éste tema como lo intentasteis, no hace mucho, en Ses Illes, provocando la mayor manifestación que se recuerda en Ciutat de Palma. Y es que, amigo, si nos ponemos a hablar de imposición “manu militari” de una lengua, me temo que tiene Ud. todas las de perder. Porque los únicos ejemplos de esta expresión latina, aplicada a Catalunya, la tenemos, precisamente en el histórico y persistente intento de imponer el castellano, por parte de Castilla: Felipe V, Primo de Rivera, Franco....Wert…Y es que el subconsciente, a menudo traiciona.
    (continua)

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  9. Por cierto… por mis errores al escribir en castellano – que yo mismo ya le admití – me etiqueta, sin más, como un ejemplo del resultado de la inmersión lingüística...
    Pues mire, usando una expresión de uso tan habitual en su idioma, hasta en eso la caga.
    Por mi edad, mi escolarización se inició el año 1960, en plena imposición del castellano en todas las escuelas y con la prohibición de usar el catalán en cualquier ámbito que no fuera el familiar; todo ello perpetrado por el estado español. Época, aún, de cantar el Cara el Sol, y en la que aún era frecuente oír expresiones como “hable usted en cristiano”…
    Así que, acaso, mi pobre nivel de castellano sea el producto de aquel nefasto sistema educativo impuesto, entonces sí, “manu militari” por un régimen autoritario, con leyes fundamentales del reino, con lemas como Arriba España,… Una grande y libre…Régimen sin división de poderes; donde el sistema judicial estaba al servicio de la autoridad política y de su control de la ciudadanía. Un sistema político que, me temo, Ud. respecto a Catalunya añora un poquito. Aunque, sinceramente, dicha añoranza no está justificada, pues ahora mismo el estado dispone, como entonces, de los instrumentos jurídico-políticos necesarios para denunciar, inhabilitar, procesar y multar cualquier intento de discrepar del orden establecido. Todo, eso sí, con la pátina “democrática” de la sacrosanta Constitución; puro maquillaje para salvar el careto a los ojos del mundo realmente democrático.

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  10. Estimado Sr. Selva:

    • Como Moisés cuando bajó del monte Sinaí, acabo de descender del Bierzo Alto, situado en las estribaciones de los Picos de Europa, donde he intentado seguir el consejo que Fray Luis de León da en su “Oda a la vida retirada” y que reza así: “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”. Y, a mi regreso al “mundanal ruido”, me he encontrado con su nuevo comentario (?) (su particular becerro de oro), preñado de “pontificaciones” gratuitas y, para más INRI, sin argumentar. Vayamos por partes, aunque escribo sin una verdadera motivación ante la actitud “fundamentalista” o “torquemadista”, que transpira su nuevo comentario (?)

    1. “Ésta será mi última respuesta en su blog”, ha escrito Ud. Mire, ante su decisión, quiero decirle dos cosas. En primer lugar, los que hemos mamado en las ubres de la cultura francesa, consideramos algo sagrado y fundamental, y por este orden, el mensaje lacónico de la Revolución de 1789: me refiero a lo de la “LIBERTÉ, ÉGALITÉ, FRATERNITÉ”. Ud. es libre de venir a beber en esta fuente de “eau de vie” (agua de vida), que saciará su sed sobre cuestiones lingüísticas. Además, en esta dazibao, libre y sin censura, Ud. y todos los lectores de H. R. tendrán un espacio donde exponer sus razones y también sus sinrazones.

    2. Ud. divide a los catalanes en dos bandos (cf. los “vosotros”, “los vuestros”, “os”, “los nuestros”,…): los buenos catalanes (Ud. y los nacionalistas-independentistas) y los malos catalanes (el que suscribe y los otros). El “divide y vencerás” lo utilizaron los romanos para conquistar los distintos territorios que formaron parte del Imperio Romano. Ud., al hacer lo mismo con los catalanes, hace un mal servicio a nuestra querida Cataluña.

    3. Además, Ud. me sitúa en el bando de “los otros”: los que, según Ud., están en contra de Cataluña. De nuevo, mea Ud. fuera del texto, perdón del tiesto. En mis producciones lingüísticas, yo no me identifico con ningún grupo; soy reacio a formar parte de cualquier rebaño, ya que no me gusta formar parte de los “moutons de Panurge”. Lo que dirige mis pasos o, mejor dicho, mis dedos al escribir es la filosofía de la “honestidad radical”: búsqueda de la verdad y verbalización de la misma, caiga quien caiga.

    4. En otro momento de su comentario (?), Ud. afirma que “el catalán es la lengua propia de Cataluña”. Esto es científicamente falso, según las ciencias del lenguaje y de las lenguas. Para no extenderme, le remito a un texto, publicado aquí, en H.R. y muchos otros medios de comunicación y que tiene por título precisamente “De la lengua propia de Cataluña”. Aquí le indico el enlace, para facilitarle la lectura y el descubrimiento de la verdad científica, de la que está Ud. tan necesitado (http://honrad.blogspot.com.es/2013/02/mentiras-sobre-la-politica linguistica.html).

    .../... SIGUE

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      5. También me acusa Ud. de elaborar y propalar “el ridículo discurso del neo falangismo”. Ante esta aseveración, se ve que es Ud. una persona poco leída y aún menos “reflexionada”. O, al menos, Ud. no se ha frotado con mis textos y no se ha paseado por este oasis de libertad y de buenas maneras que es HONESTIDAD RADICAL (HR). Viaje por HR y deguste los textos que he ido colgando, desde hace tres años, y se dará Ud. cuenta de que, cuando me ocupo de cuestiones lingüísticas, me pongo en la piel de lingüista que soy y dejo de lado cualquier otra consideración que me aleje de lo que puedo decir a partir de las ciencias del lenguaje y de las lenguas, entre ellas la LINGÜÍSTICA.

      • No quiero extenderme más, para no fatigarlo a Ud. con un discurso en español que, por lo visto, le produce sarpullidos, a pesar de sea la lengua de más de 560 millones de felices locutores hispanohablantes. Si visita H.R. encontrará puntual y cumplida respuesta a las afirmaciones gratuitas, que ha vertido en su último comentario (?). Por cierto, hay una serie de textos, dedicados a personas como Ud. y que titulé en su día, siguiendo el ejemplo de los títulos de un libro de Aritóteles (Ética a Nicómaco) y otro de Fernando Savater (Ética para Amador), “LINGÜÍSTICA PARA NACIONALISTAS”. En ellos encontrará Ud. la respuesta de la “voz de la lingüística”, no del que suscribe.
      Un cordial saludo y hasta pronto, aquí, en Honestidad Radical (H.R.).

      Manuel I. Cabezas
      2 de septiembre de 2016

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