lunes, 24 de febrero de 2014

CONSECUENCIAS DEL CONTACTO DE LENGUAS





CONTACTO DE LENGUAS. Como hemos analizado en otro lugar, el contacto de lenguas consiste en la presencia simultánea de dos o más lenguas en un individuo (muchos de los ciudadanos de Cataluña) o en una sociedad determinada (Cataluña, por ejemplo). Ahora bien, esta cohabitación lingüística individual o social tiene consecuencias para las lenguas implicadas, consecuencias que pueden ser analizadas y explicadas en el marco de la “teoría del aprendizaje por transferencia”: influencia de un aprendizaje sobre otros aprendizajes anteriores o posteriores.

LAS TRANSFERENCIAS. Se suelen distinguir dos tipos de transferencias o influencias entre dos aprendizajes: “las transferencias proactivos” (influencia de un aprendizaje A sobre un aprendizaje B, posterior) y los “transferencias retroactivos” (influencia de un aprendizaje B sobre un aprendizaje A, anterior). Y tanto unas transferencias como otras pueden ser “positivas” o “negativas”, según que un aprendizaje facilite o consolide otro aprendizaje; o, por el contrario, lo dificulte o lo degrade. Cuando un locutor o una comunidad utilizan una lengua A y tienen la oportunidad de aprender o utilizar una lengua B, nos encontramos ante una situación de “lenguas en contacto”, fruto de dos aprendizajes sucesivos o simultáneos. ¿Qué puede suceder a las lenguas en contacto? Pueden presentarse tres consecuencias o soluciones. Basta con observar y analizar las manifestaciones de la etología lingüística del homo loquens.

LA SUSTITUCIÓN DE LENGUAS. Según esta primera consecuencia del contacto de lenguas, una lengua puede ser abandonada en beneficio de otra. Se trata del resultado más radical, producto de una “transferencia retroactiva y negativa” (cf. ci-dessus). Hay muchos casos históricos de sustitución colectiva de una lengua por otra. Por ejemplo, con la invasión y la conquista de la Península Ibérica por los romanos, las lenguas autóctonas (pre-románicas), excepto el vasco, fueron reemplazadas progresivamente por el latín vulgar, la lengua de los invasores. En estos casos se produce, durante un tiempo más o menos largo, una coexistencia de dos lenguas o bilingüismo. Hay también numerosos ejemplos de biografías individuales, recogidos en la literatura sobre el contacto de lenguas. Es el caso de los hijos de los emigrantes españoles en diferentes países de Europa, que dominan la lengua de los países donde viven y que la pierden, si no continúan utilizándola, cuando vuelven a España, a una edad temprana, para continuar la escolaridad aquí. Esta consecuencia (sustitución de una lengua por otra) es el resultado del desarrollo de un “bilingüismo sustractivo o regresivo extremo o radial”.

ALTERNANCIA DE LENGUAS. Esta segunda consecuencia consiste en utilizar alternativamente dos o más lenguas, en función de los interlocutores, de los temas abordados y de las situaciones de comunicación en las que se puede encontrar e interactuar un locutor bilingüe o multilingüe. Para que esta solución sea factible, el locutor debe haber adquirido un cierto grado de bilingüismo: un bilingüismo maximalista o funcional o productivo o progresivo.

AMALGAMA DE LENGUAS. En este caso, las lenguas en contacto se combinan y se funden-amalgaman o se influencian y contaminan mutuamente. Por eso, se suelen diferenciar dos tipos o grados de amalgama. Por un lado, está la “amalgama extrema”, que es un fenómeno social y colectivo. Aquí, varias lenguas se combinan y se funden para dar lugar a una sola y nueva lengua. Éste es el origen de nuevas lenguas que aparecieron a lo largo del siglo XIX y que funcionaron como “lenguas francas” en ciertos contextos: los “sabirs”, los “pidgins” y las “lenguas criollas”. Hoy, ejemplos ilustrativos son el “espanglish” de los hispanos en EE.UU. y las lenguas híbridas habladas por los emigrantes españoles de los años 60 en los distintos países europeos. Esta amalgama extrema es la consecuencia de una competencia lingüística insegura, incierta e inestable, en las lenguas en presencia, por parte de locutores seudobilingües, que los lingüistas denominamos “semilingüismo”.

· Y por el otro, está la “amalgama parcial”: unidades lingüísticas o estructuras morfosintácticas transitan entre lenguas diferentes que están en contacto, contaminándose mutuamente. Esta amalgama parcial denota, en el locutor, un bilingüismo “desequilibrado” o “asimétrico” o “imperfecto” o “dominante”, que es el único bilingüismo que existe, como analizaremos en un próximo text0. En esta amalgama parcial es donde se presentan las “interferencias” (presencia, en las producciones lingüísticas en una de las lenguas de un locutor bilingüe, de unidades y/o de estructuras morfosintácticas de otra lengua). Las interferencias léxicas, por ejemplo, pueden adoptar la forma de “calcos” [traducción literal de unidades lingüísticas sin cambiar el significado: por ejemplo, “sky-scraper” (angl.) > gratte-ciel(fr.) > “rascacielos” (esp.); autoroute (fr.) > autostrada (ital.) > “autopista” (esp.); “cantera” (esp.) > “pedrera” (cat.)] y de “préstamos” lingüísticos (importación de unidades lingüísticas, con o sin adaptación formal, de una lengua a otra: stop, sandwich, parking, show, stock, gol, corner, etc.).

CATALÁN Y ESPAÑOL EN CATALUÑA. Las tres consecuencias del contacto de lenguas, que acabamos de presentar, pueden ser ilustradas con la realidad sociolingüística de Cataluña. En una “economía de mercado”, donde una de las claves es la libertad de emprender, se podría decir que debería existir también una “economía  lingüística de mercado”: cada ciudadano debería poder invertir su tiempo y sus energías en el aprendizaje de la o de las lengua(s) que le abren más puertas y que le proporcionan más posibilidades intelectuales, educativas, profesionales y sociales; y, además, en cualquier situación, debería ser libre para utilizar aquella lengua que haya elegido.

· En la vida social, la alternancia de lenguas (catalán/español) es un comportamiento real, natural y constante de los locutores que vivimos en Cataluña. Los ciudadanos de a pie consideramos las lenguas como instrumentos al servicio de la comunicación y subordinamos cualquier otra consideración (identitaria, política, nacionalista, etc.) al éxito de la misma. Por eso, la utilización de una lengua u otra no plantea ningún problema entre los ciudadanos corrientes y molientes.

· Ahora bien, la política de normalización lingüística en Cataluña ha perseguido y persigue la primera de las consecuencias apuntadas: sustitución del español por el catalán en todas las situaciones de comunicación. Esto se ha conseguido ya en las situaciones de comunicación formales: medios de comunicación, parlamento catalán, enseñanza, administración autonómica, etc. Sin embargo, el objetivo es hacer pasar a los ciudadanos de Cataluña por el aro del monolingüismo en catalán en las situaciones no formales.

· Por otro lado, la amalgama parcial del español y del catalán es también una realidad incontestable. Basta con oír hablar en español a los catalanoparlantes para constatar que las interferencias del catalán sobre el español aparecen en sus producciones lingüísticas en español. Esta consecuencia es algo lógico, natural e inevitable. En efecto, si se margina o se descuida la enseñanza-aprendizaje equilibrada de las dos lenguas (catalán/español), como es el caso en la actualidad con las políticas de “inmersión precoz y total” y la exclusión del español como lengua vehicular, se están echando las bases no de un bilingüismo equilibrado sino de un “bilingüismo sustractivo regresivo y castrador”. Y por eso, el español hablado y escrito por los catalanohablantes es ya y será, cada vez más, un sucedáneo de español o “spancatalan”, el  spanglish” catalán.

Coda: « Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire » (Ch. Nodier).


© Manuel I. Cabezas González
Publicado en Diálogo Libre, Periodista Digital y La Tribuna del País Vasco.
20 de febrero de 2014

viernes, 14 de febrero de 2014

DE LOS “TODÓLOGOS”


 


· Hace algunos meses, mientras desayunaba en el club social del campo de golf Sant Joan (Sant Cugat), mis oídos captaron el timbre de una voz conocida e inconfundible. Correspondía a Fernando San Agustín Farlete, experto en seguridad y espionaje, invitado con mucha frecuencia por Javier Sardá a sus Crónicas Marcianas.

· Lo saludé, confraternicé con él e iniciamos una animada, fecunda e  interesante conversación. En un momento de la misma, le pregunté por qué no había utilizado el tirón y la popularidad que alcanzó en Crónicas Marcianas para participar en tertulias de radio o de TV. Me confesó que había recibido muchas ofertas, pero que las había rechazado todas por una simple razón: “Yo estoy dispuesto a ir a cualquier tertulia, pero sólo para hablar de lo que sé: seguridad y espionaje. Del resto de cosas, sé poco o no sé nada”.

· Esta vivencia personal me ha traído a las mientes la respuesta, llena de cordura, de sentido común y de modestia, que José Saramago dio a una periodista, unos meses antes de su muerte. Ésta le preguntó: “Maestro, tras su primera novela, dejó de escribir durante 20 años, ¿por qué?”. A lo que el autodidacta premio Nobel portugués respondió: “No tenía nada que decir”.

· He traído a colación estas dos anécdotas, para contrastarlas someramente con el comportamiento de esa fauna que pulula en los medios de comunicación de España y a los que ha colonizado. En mis textos de los últimos meses, me he referido puntual y reiteradamente a ella, utilizando el término de “todólogos”. Otros sufridores y víctimas de esta plaga los han denominado con nombres diferentes, pero casi sinónimos y siempre con connotaciones peyorativas. Mi amigo Paúl de Bilbao los llama “tolosas”; otros los tildan de “tolosabe”; otros los denominan “sábelotodo”; otros hablan de “pitonisos”,… Que sais-je encore?

· Como denotan todas estas denominaciones, los “todólogos” constituyen una raza de individuos que presumen de que saben de todo, que creen que lo saben todo y que opinan sobre todo (economía, política, arte, energía nuclear, etc.) “any time any where”. Le hincan el diente a cualquier tema, como si fueran charlatanes de mercadillo. Por ejemplo, no son padres, pero son los que más saben sobre cómo criar a un hijo; no tienen pareja, pero son quienes más conocimientos tienen de noviazgo, de vida en común o matrimonio; son obesos, pero no tienen empacho en dar consejos sobre dietas y actividades físicas; no  distinguen visualmente el vino tinto del blanco, pero disertan sobre los caldos como si fueran consumados catadores o “sommeliers”.  Son osados, atrevidos, que es lo propio de los indocumentados e ignorantes, y sientan cátedra sobre lo divino y lo humano, sin tener ni idea de lo que hablan o escriben y, además, lo hacen sin ruborizarse.

· Estos “sabelotodo” han plantado sus reales y ofician en los medios de comunicación (radio, TV, publicaciones periódicas), donde juegan el papel de “tertulianos” o “columnistas”, con la pretensión de ser creadores de opinión. Éstos son los “todólogos por excelencia”. Por su comportamiento y actitudes, estos tertulianos-todólogos han convertido las tertulias o debates radiofónicos o televisivos en “shows”, que es lo que da “audiencia”, y no en fuentes de información ni de formación. Son los sofistas del siglo XXI.

 · Y en este circo moderno, los todólogos son, según Raúl del Pozo, “gladiadores” mediáticos, que han sustituido la información por la opinión pura y dura y sin fundamento, en aras del espectáculo. Son productores de “mensajes fáticos”, que no comunican ni vehiculan ninguna información. Y, para producir estos mensajes sin contenido, interrumpen a los otros todólogos-tertulianos para impedirles expresarse; y vociferan como descosidos, desgañitándose y olvidando aquel aforismo atribuido a Leonardo da Vinci, que reza así: “Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz”. Por eso, los todólogos son dignos epígonos de Esténtor, aquel héroe de la mitología griega, citado por Homero en la Ilíada, “que tenía vozarrón de bronce y gritaba tanto como cincuenta hombres juntos”.

· Además, los todólogos gozan del don de ubicuidad: saltan de un debate/tertulia al otro, de un circo mediático al otro y de una jaula mediática a otra, ocupando o usurpando los espacios o las tribunas de los medios las 24h. del día. Y no son contratados en virtud de su capacidad para razonar, analizar, discernir, i.e. en calidad de expertos. Más bien, lo son por su sectarismo, por su capacidad para gritar y para agredir verbalmente a los demás, para reventar tertulias, para provocar espectáculo y ser “la voz de su amo”. Y si los “todólogos” son, al mismo tiempo, militantes de cualquier partido político o simples “compañeros de viaje”, entonces llegamos al todólogo redomado: síntesis y quintaesencia del ser indocumentado, sectario, irreflexivo, papagayo y agente de la agitprop.

· Los “todólogos” son como los “arbitristas” de los siglos XVI-XVII: aquellos personajes que se dirigían al rey de turno para proponerle medidas y planes disparatados para hacer frente a los problemas económicos de la hacienda pública. Como cualquier plaga, la de los todólogos es un grave problema para la sociedad española actual. Pastichando ese mensaje que puede leerse en las cajetillas de tabaco, podría afirmarse que los todólogos no perjudican seriamente la incultura de los ciudadanos; más bien, la acrecientan y la consolidan. Además, la incontinencia verbal de estos personajes parece dar la razón, por un lado, a Albert Einstein, cuando escribió: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana y carezco de certeza sobre la primera”; y por otro lado, a Santiago Ramón y Cajal, para el cual “no deben preocuparnos las arrugas del rostro, sino las del cerebro”. ¡Qué contraste con Fernando San Agustín y José Saramago, ejemplos y modelos de antitodólogos! ¿Dónde han quedado los “intelectuales” o “sabios” del pasado o de hoy, que poseían o poseen una “auctoritas”, socialmente reconocida, por su conocimiento, su independencia, su valentía y su opinión  fundamentada?


© Manuel I. Cabezas González
Publicado en Crónica Global, Bottup, Periódico El Buscador y Crónica Popular.
15 de febrero de 2014